La invasión rusa de Ucrania está teniendo un efecto perturbador en los mercados mundiales.

En especial la situación tiene un efecto brutal sobre los precios combustibles y de algunos alimentos, como los cereales, el maíz o el aceite de girasol.

De igual modo, la guerra también ha generado incertidumbre en cuanto a la seguridad del abastecimiento energético.

Esto se nota en Europa, que es un continente especialmente dependiente de los suministros internacionales de productos energéticos y, especialmente, de los derivados del petróleo procedentes de Rusia, que es el principal proveedor de combustibles fósiles de la Unión Europea.

En este sentido, Rusia ha suspendido el suministro de gas a varios Estados miembros de la UE, lo que ha llevado a la UE a reaccionar para intentar asegurar el abastecimiento en todos los países.

El país, inmerso en una campaña militar de invasión en Ucrania no ha dudado en utilizar su posición como uno de los principales productores mundiales de petróleo y gas como arma de guerra.

De manera particular, Rusia ha utilizado los productos energéticos primero como fuente de ingresos para financiar la invasión de Ucrania y, después, a medida que se le han ido imponiendo sanciones internacionales, ha jugado con el suministro a sus clientes en la Unión Europea.

Rusia es el principal proveedor de gas, petróleo y combustibles fósiles sólidos de la Unión Europea. Europa depende de Rusia en un 40% para el suministro de gas”

Todo este contexto ha colocado a la UE al borde de una crisis que, si bien no ha llegado al desabastecimiento, sí que ha abocado a pagar unos precios extraordinariamente altos por la energía, e incluso en algunos casos se han recuperado fuentes energéticas como el carbón que se habían ido abandonando progresivamente para cumplir con los exigentes estándares medioambientales que se ha ido imponiendo la propia Unión en las últimas décadas.

Ante la situación, las autoridades de la zona económica han ido introduciendo medidas para intentar capear una situación para la que no existen precedentes en la historia reciente.

Así pues, el pasado mes de marzo, los dirigentes europeos acordaron eliminar gradualmente la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles de Rusia y conseguir una mayor diversificación de las fuentes de abastecimiento energético, un despliegue más rápido de las energías renovables y la mejora de las interconexiones de las redes energéticas.

Posteriormente, en mayo el Consejo Europeo acordó la prohibición de casi el 90% de todas las importaciones de petróleo procedente de Rusia antes de finales de 2022, con una excepción temporal para el petróleo crudo suministrado por oleoducto.

Según el Consejo Europeo, más del 40% de la energía producida en la Unión Europea procedía de fuentes renovables, mientras que alrededor de un tercio se generaba en centrales nucleares.

Rusia es el principal proveedor de combustibles fósiles de la UE. Más de la mitad de los combustibles fósiles sólidos importados en 2020, principalmente carbón, así como el 43% del gas natural importado, provenía de este mismo país.

 

Además, este mes de junio, el Consejo ha adoptado nuevas normas para mejorar la seguridad del suministro energético a la Unión en el contexto de la guerra en Ucrania.

En concreto, los Estados miembros de la Unión se han comprometido a que sus instalaciones de almacenamiento de gas se llenen antes del invierno y a compartir las instalaciones de almacenamiento con espíritu de solidaridad.

La mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea disponen de instalaciones de almacenamiento de gas en su territorio.

Más en detalle, la capacidad de almacenamiento en cinco países, como son Alemania, Italia, Francia, los Países Bajos y Austria, representa dos tercios de la capacidad total de la UE.

Con todas estas medidas se ha intentado dar respuesta a una situación sin precedenes en la que entre diciembre de 2020 y diciembre de 2021, el precio de importación de la energía en la zona del euro aumentó en más del doble, mientras que los precios al consumo de la electricidad, el gas y otros combustibles aumentaron un 25 %.

En esta misma línea, los precios de la producción nacional de la energía aumentaron un 73%.

Los precios de importación de la energía, aun siendo bastante volátiles, nunca habían registrado variaciones superiores al 3% anual en el pasado, mientras que los precios de la producción nacional no habían variado en más de un 1 % anual.

La Unión Europea estima que en la evolución que se ha vivido en los últimos meses de los precios de la energía han tenido mucho que ver algunos factores como el aumento sin precedentes de los precios del gas en los mercados mundiales, con una subida de más de un 170% en 2021.

De igual manera, también se ha registrado un incremento de la demanda de energía provocado por el largo y frío invierno de principios de 2021, que se tradujo en un mayor uso de la calefacción, seguido de un largo y caluroso verano en el que se utilizaron más que de costumbre los aparatos de refrigeración;

Además, el aumento de la demanda de gas natural licuado ha dado lugar a un pronunciado aumento de su precio, mientras el mayor consumo de gas que se ha producido en Asia debido a la recuperación económica tras la pandemia también ha tenido gran influencia.

La escalada de precios afecta de manera especial a la Unión Europea por su fuerte dependencia energética de los suministros del exterior”.

Por último, el aumento de las tensiones geopolíticas, en particular la invasión en Ucrania ha sido otro factor decisivo por el peso que tiene Rusia en el suministro energético a la Unión, especialmente para ciertos países centroeuropeos y de manera particular para Alemania, auténtica locomotora económica de la UE.

En concreto, Rusia es actualmente el principal proveedor de petróleo crudo, gas natural y combustibles fósiles sólidos de la Unión.

Europa depende de Rusia para aproximadamente el 40% de sus necesidades de gas natural. Además, en 2019, el 27% de las importaciones de petróleo crudo de fuera de la UE procedió de Rusia.