La transformación hacia la nueva movilidad es una realidad muy presente del sector de la automoción. Desde hace más de una década atravesamos una transición que se está acometiendo en todos los niveles de la cadena de valor del sector. Tanto fabricantes de automóviles como de componentes, así como otros agentes tienen que afrontar un proceso en el que nuevas tecnologías y materiales entran en juego.

Todo esto sería un proceso natural de evolución de cualquier sector, si no fuera porque a este contexto hemos de añadirles diferentes factores que nos han condicionado tanto en el ámbito productivo como de mercado y, por supuesto, en la cadena de suministro. La pandemia por el Covid generó un importante golpe en todos los ámbitos económicos e industriales con consecuencias directas y especialmente intensas para el sector. El parón industrial, condicionó el mercado y la producción, y, posteriormente como consecuencia de esto, la escasez de microchips, pieza clave para los nuevos vehículos, agravó la situación.

Es evidente que atravesamos un periodo de recesión económica derivada de esta pandemia. Actualmente, nos enfrentamos a un contexto que además se ha visto empeorado con el conflicto en Ucrania. Un factor relevante ya que vuelve a afectar a toda la cadena de valor y de suministro de la automoción, tanto con la escasez de ciertas materias primaras o componentes, como cables, aluminio, níquel o paladio y por el aumento de los costes energéticos, derivado de las sanciones económicas impuestas a Rusia, principal exportador de gas y petróleo a Europa.

En las últimas semanas, además hemos podido ver como una huelga de portavehículos y de transporte general ha marcado el ritmo del mercado y de la producción.

Todo ello, pone de manifiesto la importancia de la cadena de suministro de una industria que funciona bajo un sistema de aprovisionamiento “just in time”. Los retos son grandes y obligan a buscar soluciones a todos los que integran la cadena de valor y no sólo coyunturales, sino estructurales.

Los retos son grandes y obligan a buscar soluciones a todos los que integran la cadena de valor y no sólo coyunturales, sino estructurales.”

En este sentido, debe destacarse por un lado la necesidad de mejorar la eficiencia del transporte, con aumentos de capacidad en todos los modos y, por otro, la relocalización de determinados componentes de la nueva movilidad, para lo que el Perte VEC es una pieza fundamental. La velocidad en impulsar estas y otras medidas son la clave para seguir contando con un sector del automóvil fuerte y relevante en Europa y en el mundo.