La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles, Acea, ha revelado que para alcanzar los objetivos de cero y bajas emisiones previstos para los años 2025 y 2030 en la Unión Europea, es necesario poner en marcha unos 90.000 puntos de recarga en la próxima década.

Aunque la industria de la automación está ahora mismo tratando de gestionar los efectos de la crisis sanitaria, sigue teniendo en mente los objetivos de emisiones. En 2019, se adoptaron por primera vez límites de emisiones de CO2 para los vehículos industriales, lo que supone un gran paso hacia la descarbonización en las carreteras.

Sin embargo, la gran mayoría de camiones que se siguen vendiendo en Europa utilizan diésel. Los últimos datos de Acea indican que el porcentaje en 2019 ha llegado al 97,9%, frente al 1,7% que utiliza gas natural. También se han vendido algunos modelos eléctricos recargables e híbridos eléctricos, pero su porcentaje es residual, llegando al 0,2% y el 0,1% respectivamente.

Para 2030, deberían estar operativos unos 200.000 camiones con baterías eléctricas si se quiere cumplir con el objetivo de reducción de emisiones en un 30% previsto para ese año. Sin embargo, en 2019 solamente se han entregado 700 camiones medios y pesados de este tipo.

Red de infraestructuras

Sin embargo, para conseguir impulsar las ventas es vital contar con una potente red de infraestructuras para camiones propulsados por energías alternativas. Desde la Asociación, siguen reclamando un compromiso a nivel europeo para el desarrollo de al menos 37.000 puntos de recarga, 50 estaciones para la recarga de hidrógeno y 750 estaciones para el reportaje de GNL, que deberían estar operativas en 2025.

En este sentido, recuerdan que los vehículos pesados no pueden utilizar las mismas infraestructuras que los de pasajeros porque su demanda energética es mucho mayor, y sus requerimientos de espacio y aparcamiento son distintos. Por ello, deben definirse cuanto antes los estándares técnicos y los procedimientos de estandarización necesarios.

Las inversiones en infraestructuras de carga y recarga exigen un gran apoyo financiero y administrativo por parte de las autoridades nacionales y europeas. Además, el sector debería recibir incentivos para acelerar sus inversiones en estaciones de carga privadas y semipúblicas.