zona bajas emisiones barcelona

La zona de bajas emisiones de Barcelona está operativa desde comienzos de año.

Las zonas de bajas emisiones son una realidad que se va a ir extendiendo a otras ciudades tanto españolas como europeas, en el marco de una política común de la UE para limitar la contaminación urbana.

Más allá de lo acertada o equivocada que pueda estar esta medida, lo cierto es que es una realidad que parece ir imponiéndose de manera paulatina, aunque también consistente.

De hecho, Madrid ya cuenta con limitaciones que, en función de un calendario que ha experimentado diversos cambios debido a los vaivenes de la política municipal de la capital, ya está en marcha, mientras que Barcelona ha estrenado esta zona, a comienzos de este 2020, con una extensión de más de 95 km².

Esta nueva zona de acceso restringido engloba todo el término municipal de Barcelona (excepto la Zona Franca y el barrio de Vallvidrera, el Tibidabo y Les Planes), los municipios de Sant Adrià de Besòs y L’Hospitalet de Llobregat, y parte de los municipios de Esplugues de Llobregat y Cornellà de Llobregat.

Esta actuación limita la circulación de los vehículos más contaminantes, aplicándose de forma progresiva a las diferentes categorías de vehículos según la etiqueta ambiental de la DGT, de tal modo, que a partir de 2021 se ampliará la prohibición de circulación dentro de esta área a las furgonetas, camiones y autobuses que no dispongan de etiqueta de la DGT.

Más de la mitad de camiones y furgonetas, sin acceso al centro de Barcelona en un año

Esta medida implicará, según la Asociación General de Transportistas de Cataluña AGTC, que el 56% de los vehículos ligeros y el 59% de los vehículos pesados censados en Barcelona dedicados al transporte de mercancías no podrán acceder a la mayor parte de la capital catalana en menos de un año.

Ello supondrá la sustitución de 24.000 camiones y furgonetas, algo que las empresas de reparto y distribución que trabajan en Barcelona consideran inalcanzable por la falta de una alternativa tecnológica para los vehículos pesados, así como por la atomización y la poca capacidad financiera del tejido empresarial que compone este sector.

De momento, los datos del Ayuntamiento de Barcelona reflejan un drástico descenso en la circulación de vehículos, tanto el tráfico en el interior de la ciudad, como, especialmente, en los accesos y en las rondas.