Operativa de suministro de GNL al buque Kvitbjorn en el puerto de Cartagena

La viabilidad de los combustibles alternativos depende del tipo de buque del que se trate y de las rutas en las que opere.

Los combustibles alternativos y las nuevas tecnologías se están introduciendo en el sector marítimo a un ritmo cada vez mayor. Sin embargo, la gran mayoría del tonelaje en activo todavía corresponde a combustibles tradicionales.

Aplicando únicamente las políticas medioambientales actuales, sería imposible alcanzar los objetivos de reducción de emisiones fijados por la OMI para el año 2050, tal y como señala el último informe de DNV GL, según el cual es necesario que las grandes embarcaciones cuenten a corto plazo con tecnología de cero o bajas emisiones.

El problema es que la viabilidad de los combustibles alternativos y otras fuentes energéticas depende en gran medida del tipo de buque del que se trate y de las rutas en las que opere, y en ese sentido, resulta más complicado el cambio en los que recorren largas distancias que en los dedicados al ‘short sea shipping‘.

Soluciones rentables

Por este motivo, es importante encontrar soluciones que sean técnicamente factibles y rentables en términos de costes para los grandes buques que realizan las rutas más largas, dado que representan el 80% de las emisiones de la flota mundial.

En la actualidad, las únicas alternativas con las que cuentan son el Gas Natural Licuado y los biocombustibles. Los esfuerzos que se están realizando para sustituir los combustibles fósiles por otros más limpios dependen en gran medida del acceso a fuentes de energía renovables.

Aparte de los biocombustibles, la electricidad obtenida a través de energías renovables o libres de carbono representa la única solución viable comercialmente para un transporte completamente limpio. No obstante, de momento las baterías eléctricas se utilizan solamente en rutas muy cortas de aproximadamente una hora de duración y por tanto, en buques muy pequeños.

Hidrógeno y electrocombustibles

Otra opción es el hidrógeno producido a partir de energías libres de carbono, como la electricidad obtenida a partir de fuentes renovables. También puede ser producido a partir del gas natural, mediante un sistema de captura y almacenamiento del carbono, o a partir de la energía nuclear.

Las pilas de hidrógeno sí serían una alternativa realista a medio plazo para el Transporte Marítimo de Corta Distancia. Además, el hidrógeno puede utilizarse para el desarrollo de diversos electrocombustibles, un término que abarca tanto los que tienen una base de carbono, como los producidos a partir de nitrógeno o los resultantes de la electricidad renovable.

Si bien es cierto que estos electrocombustibles presentan claras ventajas tanto a nivel técnico como en lo que tiene que ver con la huella de carbono, su producción es muy costosa y requiere un gran gasto de energía. Su principal desafío para los próximos años tiene que ver con su precio y con la posibilidad de realizar una producción que resulte sostenible en grandes volúmenes.

A la vista de todo esto, desde DNV GL concluyen que la adopción generalizada de combustibles con bajas emisiones o neutros podría alargarse mucho, teniendo en cuenta el tiempo necesario para desarrollarlos adecuadamente, así como la capacidad de producción y la infraestructura que exigen. Por lo tanto, es preciso apostar por las tecnologías que faciliten la transición entre el combustible tradicional y el combustible completamente limpio.