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El primer sistema de frenos antibloqueo, MK I, fue presentado en 1969.

Corría el año 1969 cuando Continental, conocida entonces como ITT-Teves, presentó en la IAA de Frankfurt el MK I, el primer sistema de frenos antibloqueo, también llamado ABS. Desde 1965, sus ingenieros trabajaban en su desarrollo, y unos años después, empezaron a utilizar circuitos analógicos integrados para regular la presión de los frenos y evitar que las ruedas se bloquearan.

Inicialmente, esta tecnología solamente se utilizó en 36 vehículos de prueba para la policía sueca. Además, la crisis del petróleo y el debilitamiento del mercado de la automoción retrasaron su producción en serie. Fue en 1984 cuando llegó al mercado el MK II, controlado por un microprocesador, que estaba disponible en Norteamérica para el Lincoln Continental y en Europa se convirtió en una característica estándar del Ford Scorpio.

El sistema permitía las maniobras de frenado en carreteras difíciles y podía adaptarse rápidamente a diferentes vehículos, como modelos con tracción delantera o con tracción total. Fue el primer ABS del mercado que combinó la función de frenado, el elevador de presión, el control hidráulico y el sistema antibloqueo, integrando poco después también el sistema de control de tracción, TCS.

Estándar a nivel mundial

En 1989, comenzó a producirse en serie el MK IV, que por primera vez incluía un sistema electrónico de distribución de la fuerza de frenado, y en 1995, se incluyó el control electrónico de estabilidad, ESC en el MK 20. En este nuevo modelo, que se ha convertido en el estándar a nivel mundial, el motor está situado en la parte superior, el bloque de válvulas en el centro y la tecnología en la parte inferior.

Hoy en día, el ABS está equipado con hasta 50 funciones adicionales, como la liberación automática del freno de mano al arrancar o la asistencia para el arranque en pendiente. De hecho, su introducción en el mercado ha contribuido en gran medida a mejorar la seguridad vial, por lo que desde 2004, ya es obligatorio por ley en Europa.

Su futuro estará determinado por las innovaciones que se produzcan en software para obtener más comodidad y más seguridad, en línea con el objetivo Visión Zero para terminar con los accidentes de tráfico.