La Unión Europea es una construcción formidable que, sin embargo, tiene muchos defectos, como cualquier obra humana, aunque sea colectiva.

Precisamente uno de ellos es la pertinaz incapacidad de los Estados miembro para ponerse de acuerdo, salvo en contadas excepciones, además de para actuar coordinadamente y con la rapidez que requieren algunos acontecimientos.

Esta falta de consenso es precisamente la que puede provocar una crisis sanitaria en esta área económica aún mayor que la actual.

Mientras que algunos países han decidido de manera unilateral cerrar sus fronteras al paso terrestre procedente otros Estados miembro de la Unión, algo que ha provocado las suspicacias de Francia y una llamada de la atención de la Comisión que, sin embargo, ha topado con el país hegemónico de la UE, Alemania.

Mientras, España no ha querido cerrar sus pasos fronterizos en un primer momento, precisamente a la espera de un acuerdo al menos de los países que forman parte del espacio Schengen. Finalmente este pasado lunes ha acordado restablecer los controles en frontera.

Mal y tarde, muy tarde

Una medida que llega demasiado tarde, después del coladero que han supuesto los aeropuertos hasta este mismo lunes, «con un incomprensible tráfico aéreo» a decir de un controlador del aeropuerto de Barajas, que no se explica el alto número de aviones que este lunes seguían saliendo del aeródromo madrileño.

Finalmente, esta semana, entre el marasmo de normas nacionales, la Comisión Europea ha propuesto cerrar las entradas al espacio común por cualquier modo de transporte durante un plazo de 30 días, para contener la expansión de la pandemia.

Sin embargo, esta propuesta ahora debe ser analizada y aprobada por el Consejo, en su reunión de esta semana, por lo que el reloj sigue viendo correr el tiempo sin que se tomen medidas a escala europea.

En principio, las medidas evitarían posibles controles fronterizos y permitirían el tránsito de mercancías para evitar desabastecimientos.