Antes de nada convendría decir, en defensa del ministro de Transportes, que el proyecto de peajes en las autovías ya lleva de actualidad desde mediados de abril, pero que ha sido justo ahora, tras la debacle socialista en las elecciones autonómicas de Madrid, cuando el asunto ha levantado la actual polvareda mediática.

Cabe achacar este revuelo a que ha saltado la liebre justo cuando se ha enviado a Bruselas el Plan de Recuperación del Gobierno, qué casualidad, y que ahora se conoce, qué casualidad también, que los peajes están pensados para hacer caja con todo bicho viviente, insectos incluidos, a poder ser, que pise una autovía a partir de 2024, así como cualquier carretera del país más adelante.

Dos casualidades son muchas causalidades y, por eso, los mal pensados tienden a relacionar la ofensiva sobre este nebuloso plan con el papel que juega el ministro Ábalos como secretario de Organización del PSOE. ¿O, quizás, debería pensarse que es al revés?

Ministro y secretario de Organización del PSOE

En efecto, su cargo en su partido político le otorga un papel esencial en la estrategia política de este partido a nivel nacional y con responsabilidad directa sobre el fiasco de la moción de censura en Murcia que, al fin y al cabo, actuó como detonante para la convocatoria de las elecciones en Madrid.

Pese al aroma de cacería política que tiene toda la espiral generada con el proyecto de pago por uso, también conviene preguntarse, para ser justos, dónde está el ministro, por qué no está explicando lo que quiere hacer con su proyecto de peajes a toda la ciudadanía, y especialmente a los transportistas, que van a ser los principales afectados, por mucho que ahora se quiera vestir el santo diciendo que«se establecerán los mecanismos necesarios» para que estos puedan repercutir el incremento a sus clientes. Como si eso se lo va a creer alguien que conozca un poco el percal.

Lo cierto es que lo primero debe de ser siempre lo primero. Por eso, el ministro está apagando fuegos en su partido, controlando el cotarro en dura pugna, a ratos, al parecer, con los estrategas de cabecera del presidente Sánchez. Especialmente el incendio que ya calcinan al partido en Madrid y el incipiente de Andalucía, tradicional feudo socialista.

Así pues, el ministro de Transportes, a la sazón secretario de Organización del principal partido que sustenta el actual Gobierno de coalición, condensa en una única persona dos responsabilidades de gran importancia y ya se sabe que quien mucho abarca poco aprieta.

Para finalizar, e independientemente de cualquier otra circunstancia, la importancia del plan de pago por uso exige explicaciones meridianas, del más alto nivel e inmediatas, porque, entre otras razones, el momento crucial que vive España no está para tener a ministros a tiempo parcial.