En un escenario marcado por el auge del comercio electrónico y de un cambio radical en los patrones de consumo, la planificación urbana tendrá que tener más en cuenta el impacto que la distribución urbana de mercancías y los flujos de movilidad tienen sobre el entorno urbano, las condiciones de vida de los ciudadanos y la calidad del aire en las ciudades.

Según un estudio elaborado por Cimalsa, el crecimiento de las entregas de comercio electrónico en el centro de las ciudades se ha incrementado en los últimos años, lo que conlleva que hayan aumentado los niveles de congestión en algunas zonas, dificultando la convivencia con otras actividades.

Con el fin de evitar situaciones de colapso, Cimalsa propone en el trabajo que la regulación de la distribución urbana de mercancías se adapte específicamente a cada zona urbana, con el fin de recoger las distintas sensibilidades existentes en cada zona de cualquier ciudad y buscar un consenso.

De igual modo, la empresa pública catalana también pide que se definan estrategias para concienciar a la ciudadanía del impacto medioambiental que genera el consumo irracional de productos de comercio electrónico y, de igual modo, pide que se busque una mayor coordinación de todos los agentes que intervienen en el reparto de última milla para buscar soluciones que eviten un impacto medioambiental excesivo y eviten la congestión.

Cimalsa ha revisado en este estudio más de 50 medidas de actuación para mejorar la eficiencia y sostenibilidad del reparto urbano de mercancías, entre las que se incluyen la promoción y gestión de nuevas infraestructuras o la utilización de vehículos alimentados por energías alternativas.