Los efectos de la pandemia del coronavirus se están cebando con la Comunidad de Madrid. En esta región, además de darse el mayor número de contagiados de la enfermedad de todo el país, se está produciendo una especie de pausa empresarial distópica que ha paralizado de facto uno de los principales núcleos económicos del país.

La parálisis provocada por la pandemia afecta de manera especial al turismo, uno de los principales motores económicos de la ciudad de Madrid, y, consecuentemente, a los establecimientos comerciales que han hecho de la capital una de las ciudades de compras más atractivas de toda Europa.

Esta situación se traduce en unas caídas de las ventas en el canal Horeca madrileño, así como en los suministros para la hostelería de la región de un 60% en los momentos previos a la declaración del estado de alarma, según fuentes del propio sector.

De igual manera, los recortes en el suministro también se están extendiendo a algunas grandes cadenas textiles que progresivamente estarían dejando de aprovisionar sus establecimientos en la capital, mientras que algunas cadenas de alimentación reportan incrementos en la demanda superiores al 150%.

Seguimiento ‘minuto a minuto’

A la paralización se suma, además, la incertidumbre sobre la duración de las medidas especiales de limitación de movimientos, con nuevas medidas de cierre para bares y terrazas a nivel municipal, entre otras.

En palabras de José Ferrer, secretario general de Aedisma, la Asociación de Empresas de Distribución de la Comunidad de Madrid«seguimos minuto a minuto la situación sin una orientación clara y casi sin ilusión, con la única intención de salir adelante«.

La repercusión de la pandemia en las empresas de distribución de la Comunidad de Madrid tiene un evidente plano económico que afecta al mantenimiento de las plantillas y de los autónomos con actividad en este sector, al que se añade otra serie de problemas relacionados con la salud en un sector caracterizado por la movilidad de sus servicios.

Tras el impacto, el foco se centra ahora, como indica Ferrer, «en garantizar que, cuando nos volvamos a poner en marcha, haya empresas«.