A juicio del comisionado del Gobierno para el Corredor Mediterráneo, Josep Vicent Boira, esta infraestructura es ahora «más esencial que nunca».

La crisis sanitaria lo ha convertido en un elemento estratégico, pese a que sus efectos económicos anticipan grandes dificultades en su financiación futura, en un escenario de recesión e incertidumbre que podría reducir los ingresos e inversiones públicos.

En este sentido, Boira ha defendido, en un reciente encuentro del Círculo de Economía, que el Corredor Mediterráneo tenga vías de uso mixto, tanto para distintas velocidades, como para personas y mercancías, ya que, a su juicio, «España corre un riesgo extra porque no podríamos ser abastecidos ni enviar a Europa comida en trenes porque tenemos un ancho de vía diferente».

Por ese motivo, Boira defiende que el Corredor Mediterráneo tenga un ancho internacional para que el país deje de ser una isla ferroviaria y de este modo, se complemente el modelo de producción ‘just-in time’ con el ‘just-in case’ para reforzar la cadena de valor.

Así mismo, Boira estima que en el nuevo modelo de globalización regionalizada que se impulsará tras la crisis sanitaria serán cruciales las infraestructuras de media distancia, como el Corredor Mediterráneo, que unen geografías productivas a través de toda la Unión Europea.