Las autoridades francesas tienen muy claro que tienen la obligación, independientemente de quien gobierne y cueste lo que cueste, de preservar a toda costa la actividad de un grupo de compañías que forman parte indiscutible de la tradición industrial del país.

En este sentido, el grupo automovilístico ha anunciado la puesta en marcha, con un pool de bancos compuesto por BNP Paribas, Crédit Agricole, HSBC France, Natixis y Société Générale, de un acuerdo de apertura de crédito por un valor total máximo de 5.000 millones de euros con la garantía del Estado francés.

De esta manera, el fabricante «garantizará la financiación de las necesidades de liquidez del Grupo, en un contexto de crisis sin precedentes», según afirma en un comunicado.

Al mismo tiempo, la marca gala también trabaja en un plan de transformación, cuyo objetivo es conseguir un ahorro de más de 2.000 millones de euros en tres años.

Estas medidas van encaminadas a mejorar la eficiencia de las operaciones dentro del grupo automovilístico, simplificando los procesos, reduciendo la diversidad de componentes dentro de los vehículos y ajustando las capacidades industriales.

Además, también se plantean ajustes necesarios de personal para permitir un retorno a un crecimiento rentable y sostenible del fabricante, lo que afectará a casi 4.600 empleos en Francia, así como a otros 10.000 trabajadores en el resto del mundo.