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Navieras y empresas de transporte tienen estructuras de costes parecidas.

¿Qué tienen en común un barco y un camión? La pregunta parece el arranque de un chiste, pero entraña una circunstancia que puede ser relevante de cara a los dos próximos años.

A priori, un barco y un camión sirven para transportar mercancías, aunque mientras uno lo hace por el mar, el otro utiliza las carreteras. Sin embargo, barco y camión comparten un reparto de costes relativamente similar en el que tienen una importancia determinante los componentes asociados al personal y al combustible.

En este último aspecto, el del combustible, en ambos casos ronda el 30% de los costes totales de término medio para cualquier naviera o para una empresa de transporte de mercancías por carretera tipo, según el último Observatorio del Ministerio de Fomento.

Una norma marítima que puede tener impacto en el transporte por carretera

Sin embargo, existe otra circunstancia, esta de tipo legal, que podría aumentar las similitudes existentes entre los barcos y los camiones. La normativa internacional en relación con la presencia de azufre los combustibles marinos que entra en vigor en enero de 2020 marca unos estándares muy exigentes que ninguno de los derivados del petróleo existentes actualmente está en condiciones de cumplir, según dicen diversos expertos.

Pese a que existen otras opciones, como la instalación de scrubbers (equipos catalizadores que limpian las emisiones), no toda la flota mundial va a estar en condiciones de instalar estos equipos que eliminan los elementos más contaminantes de los gases de escape de los buques, con lo que la única opción para las navieras será, muy posiblemente, la de recurrir, en una primera instancia y mientras las cosas se van adecuando a su ser, a un viejo conocido: el gasóleo, ante la falta de opciones que pudieran aplicarse inmediatamente.

Fuerte incremento del precio del diésel

Así las cosas, y ante el empujón para la demanda de combustible diésel que podría producirse a partir de 2020, también es más que probable que el precio de este carburante se incremente con fuerza, con lo que quedaría en agua de borrajas las bajadas registradas en las dos últimas semanas.

Pero, además, las similitudes no acaban aquí, sino que se extienden al impacto que podría tener el incremento de los costes asociados al combustible en las cuentas de navieras y empresas de transporte. Las compañías de ambos segmentos cuentan con mecanismos legales para repercutir a sus clientes estos aumentos de costes que funcionan de manera más fluida en el transporte marítimo, mientras que en el transporte terrestre, las empresas cuentan con una menor capacidad de negociación frente a sus clientes.

En todo caso, esta situación va a suponer una nueva vuelta para las cuentas de navieras y empresas de transporte que, según dicen algunos, ya pueden aguantar poco más.