Seis meses después de la entrada en vigor del polémico impuesto que Bélgica impuso a los vehículos comerciales e industriales de 3,5 tn que circulan por sus carreteras, el sistema aún está por pulir. 

El aumento de los costes administrativos para los transportistas que conlleva que cada región gestione el impuesto de forma independiente, o la imposibilidad de trasladar a los cargadores este recargo, debido a que aún no está completamente claro el sobrecoste que supone el sistema, son algunas de las cuestiones que critican desde la Federación de Transportistas Belgas, Febetra.

El peaje belga está afectando también a los países fronterizos. Por ejemplo, el tráfico ha aumentado considerablemente en las carreteras del sur de los Países Bajos, puesto que muchos conductores optan por esta vía para evitar la tarificación belga.

En este contexto, desde la European Shippers Council consideran «importante» que la tarifa implantada en Bélgica no obstruya la libre circulación de mercancías en el viejo continente y que «no suponga una carga excesiva para los cargadores».