La crisis provocada por el Covid-19 está teniendo impactos muy significativos, no solo en la actividad productiva de las cadenas de suministro y transporte, sino también en la oferta formativa y educativa, que trata de responder a los nuevos retos del sector y abordar una nueva configuración y readaptación.

Así se ha puesto de manifiesto durante el debate ‘on-line‘ celebrado sobre el futuro de la formación en logística. Gracias a las plataformas y educación en modalidad e-learning se han conseguido realizar la mayor parte de los cursos previstos, cuyos contenidos eran susceptibles de ser adaptados a la educación a distancia.

En cambio, aquellos programas que requerían de la educación presencial o las prácticas en empresas se han tenido que aplazar. Esto indica que probablemente la educación a través de Internet no sustituirá en el futuro a la presencial, pero sí se utilizará como complemento de esta.

Por ello, probablemente se potenciarán los cursos a través de ‘blended learning’, que combinan lo mejor de las dos modalidades. Además, esta crisis ha permitido generalizar el uso de nuevas herramientas digitales y formatos adaptados a las modalidades de educación a distancia.

De este modo, también ha podido llegarse a más interesados y contar con expertos de cualquier parte del mundo, abriendo la oportunidad a un nuevo campo colaborativo entre instituciones de diferentes países. Además, la oferta formativa va a aumentar, y deberá seguir sustentándose en los valores humanos, promocionando la colaboración entre instituciones públicas y privadas y la adaptabilidad al entorno.

Nuevas competencias

Al mismo tiempo, tras la crisis sanitaria, serán necesarias nuevas competencias profesionales, como las digitales, las de comunicación y las relacionadas con la inteligencia emocional y analítica de datos. Otras competencias como la integración de la cadena de suministro, planificación y gestión necesitan adecuarse, y tomar en consideración la necesidad de gestión y planificación sobre la cadena completa.

Respecto a los programas formativos, algunos deberán readaptarse o incluso fijar otras prioridades, por ejemplo, en líneas de investigación, para satisfacer las demandas de empresas y alumnos. También habrá que retocar contenidos y formatos, apostando por una oferta dinámica.