Las condiciones de trabajo de los conductores profesionales suponen uno de los principales problemas que arrastra el transporte de mercancías por carretera, sino el más importante de todos ellos.

Esta situación, sin embargo, no es exclusiva de España. Más bien al contrario: parece algo común a gran parte de los países occidentales y se traduce en una cada vez más acuciante falta de profesionales que se agrava debido a que ni jóvenes, ni mujeres parecen colectivos decididos a tomar el relevo.

En este gravísimo problema confluyen, por un lado, la pésima consideración social que tiene el propio sector, las largas jornadas de trabajo, con actividades que los chóferes habitualmente rechazan por no estar relacionadas con la conducción, como es el caso de las labores de carga y descarga, y los salarios, que, a juicio de los propios conductores, no compensan la dedicación que requiere esta profesión, con unas empresas con cuentas comprometidas y poco margen de maniobra.

Además, la actual crisis sanitaria está provocando un exceso de oferta de transporte que anticipa una guerra de precios por una demanda de servicios que ha caído drásticamente, tanto en España, como en el resto de Europa, algo que va a convulsionar el mercado europeo de transporte de mercancías por carretera.

Como consecuencia, es previsible que pueda producirse un empeoramiento de las condiciones sociales en el sector y una pérdida aún mayor de la capacidad negociadora de las empresas.

En todo caso, habrá que ver qué papel está llamado a jugar a este respecto el nuevo Paquete de Movilidad, aún pendiente de su aprobación definitiva por el Parlamento Europeo y que, como ha afirmado Ramón Valdivia en un reciente webinar organizado por Wtransnet, podría ver cómo se retrasa la entrada en vigor de algunos de sus aspectos esenciales, con el fin de evitar cambios legales en plena crisis sanitaria.