El presidente francés, Emmanuel Macron, ha convertido en su objetivo número uno a nivel medioambiental la limitación de la velocidad de los buques. Así lo ha puesto de manifiesto en el marco de la celebración de la Cumbre del G-7 en Biarritz, donde ha tenido la oportunidad de debatir este asunto con otros jefes de Estado.

Además, podría haber contactado con el presidente de CMA-CGM, Rodolphe Saadé, para la puesta en marcha de un lobby a favor de un transporte marítimo más ecológico. En abril, Francia presentó oficialmente ante la OMI una solicitud para la introducción de un límite de velocidad global que permitiera reducir las emisiones de la industria.

Para Macron, si se quiere cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, es preciso ir por delante de los fijados por la OMI para lograr poner en marcha una verdadera regulación para la descarbonización de cara a 2023.

La reducción de la velocidad sería una buena medida para este periodo de transición, aunque sería únicamente temporal y no sería válida para todos los tipos de buques, pues los de pasajeros o los que transportan mercancía perecedera. Desde la Asociación Europa de Navieros, Ecsa, sostienen que hay que ser cautelosos con esta medida, pues la imposición de un límite de velocidad podría tener consecuencias negativas.

La OMI debatirá sobre esta propuesta en el mes de noviembre, así como de otras posibles medidas para la reducción de emisiones a corto plazo. Entre ellas, se encuentra la introducción de un índice de eficiencia basado en objetivos o de límites de potencia en los ejes de todos los buques.

De momento, desde Bimco y la Cámara Internacional de Navegación han mostrado una férrea oposición ante la posibilidad de limitar la velocidad en el transporte marítimo, prefiriendo en su lugar la puesta en marcha de otro tipo de iniciativas.