Los diputados franceses han votado a favor de la suspensión de los vuelos domésticos en las rutas que puedan realizarse mediante un tren directo en menos de dos horas y media, como parte de un conjunto de medidas para fomentar el respeto al medio ambiente.

Esto supondrá el fin de los vuelos internos desde el aeropuerto de Orly, al sur de París, hacia Nantes o Burdeos, entre otros, aunque sí se mantendrán las conexiones desde el aeropuerto Charles de Gaulle, al norte de la capital francesa.

La Comisión por el Clima establecida por el presidente Macron había recomendado inicialmente la eliminación de todos los vuelos entre destinos franceses donde existiera una alternativa por tren de menos de cuatro horas de duración.

Sin embargo, las objeciones por parte de ciertos sectores y también de Air France-KLM, entre otras aerolíneas, que ya se han visto afectadas por las restricciones por el Covid-19, han hecho que finalmente se limitara a dos horas y media.

Hace un año, el gobierno francés acordó conceder 7.000 millones de euros a esta compañía a condición de que retirará ciertos vuelos internos, y ya se ha comprometido a reducir sus rutas domésticas en un 40% para finales de 2021. No obstante, el nuevo decreto también impedirá que operen estas conexiones las aerolíneas de bajo coste.

‘La vergüenza de volar’

Estas políticas de suspensión de vuelos domésticos tienen su origen en 2020 en Noruega, cuando se extendió la idea plasmada en la expresión «la vergüenza de volar», según la cual había que prohibir los vuelos de menos de dos horas de duración, y susituir los por desplazamientos en tren, por su menor «huella de carbono». Tendencia que, como se ve un año después, se empieza a extender por toda Europa.

Así la medida acordada en el país galo llega después de que Austria introdujera una tasa de 30 euros en los billetes de las aerolíneas para conexiones de menos de 350 kilómetros y una prohibición de los vuelos domésticos que puedan realizarse en menos de tres horas por tren.

Mientras tanto, Países Bajos lleva desde junio de 2013 tratando de establecer la prohibición de los vuelos domésticos de corta distancia. Ya en 2019, se votó la posible prohibición de los vuelos entre el aeropuerto de Schiphol, en Ámsterdam, y el de Zaventem, en Bruselas, que están a 93 millas, pero finalmente no se implementó la medida por considerar que atentaba contra el libre movimiento.