Obligados a mantener el ritmo de las numerosas presiones económicas, políticas y regulatorias a las que se enfrentan actualmente las empresas, quienes operan dentro de la cadena de suministro se encuentran ahora con un nuevo desafío: la necesidad de cumplir con las expectativas del cliente en términos de ética y sostenibilidad.

Los consumidores, especialmente los millennials y de la Gen Z, se preocupan por saber de dónde provienen sus productos y cómo y en qué condiciones se crearon antes de decantarse por ellos: están dispuestos a pagar más por los que sean éticos y sostenibles.

Según un estudio de Accenture, el 73% de los españoles asegura que sus decisiones de compra están marcadas por las palabras, valores y acciones de las empresas y de sus líderes. Pero no solo eso, el 59% de ellos ha dejado de consumir los productos y servicios de una compañía debido a sus acciones en relación con algún problema social.

Pero, si bien el cumplimiento de estas expectativas cada vez mayores está cobrando una importancia esencial, los distintos grados de complejidad que ha ido adquiriendo la cadena de suministro con el tiempo han hecho que lograrlo sea también más complicado que nunca. A este panorama hay que sumarle la situación actual generada por el Covid-19.

Debido a la incertidumbre de no saber cuánto durará el estado de alarma y las consecuencias de la crisis sanitaria, las compañías están almacenando piezas y recurriendo a la gestión de sus stocks para evitar interrupciones en los suministros; sin embargo, con los costes de almacenamiento en aumento, esto puede implicar la reducción de la rentabilidad a medida que avanza el año.

De esta forma, pueden llegar a darse prácticas alejadas de la sostenibilidad de la cadena para abaratar costes o para encontrar soluciones más rápidas ante los posibles problemas que estén por venir, aunque mucho menos efectivas a medio y largo plazo.

¿Por qué es importante la ética?

La globalización ha proporcionado a las organizaciones la capacidad de producir productos y servicios asequibles a gran escala. Esto, a su vez, ha derivado en un entorno global, multinivel y extremadamente diverso en lo que respecta a los estándares regulatorios.

En una situación así, es fácil que se den prácticas poco éticas que pueden escapar al conocimiento de una marca. Pero, con los consumidores más conscientes, más informados y más exigentes que nunca, la ignorancia no es una opción y las excusas no van a ser toleradas.

Hacer oídos sordos a lo que está ocurriendo y permitir que continúen las operaciones poco éticas y no sostenibles tendrá un impacto negativo en la imagen de la marca, lo que, a su vez, provocará la pérdida de beneficios.

En las complejas cadenas de suministro mundiales, garantizar las operaciones éticas es responsabilidad de todos. Empleados, proveedores, clientes y socios comerciales; cada uno tiene un papel vital que desempeñar.

Para una organización importante, ya no es suficiente con saber qué está haciendo su proveedor; necesita saber qué está haciendo él, los proveedores de su proveedor, y así sucesivamente. En el panorama actual, este conocimiento podría ayudar a las empresas a alcanzar la ventaja competitiva que necesitan dentro de su mercado para ser líderes.

Hoy en día, muchas compañías utilizan estratégicamente su cadena de suministro para impulsar iniciativas comerciales y mejorar el ‘customer experience’. Conseguir una experiencia de cliente óptima significa comprender sus necesidades y expectativas.

Así, las prácticas sostenibles y éticas son diferenciadores clave y podrían ser el factor decisivo en una decisión de compra o a la hora de fidelizar a los consumidores a largo plazo. Pero para beneficiarse de esto, la entidad necesita tener una visión y comprensión claras de las operaciones de sus proveedores, incluso al comienzo de un contrato.

Sin esto, puede ser imposible monitorizar y administrar su desempeño en un contexto de condiciones medioambientales, de mercado y regulatorias en constante evolución.

Además, en tiempos de crisis y de disrupción como el actual, las empresas necesitan una plataforma de integración basada en la nube, flexible y escalable que pueda conectarse con proveedores en cualquier parte del mundo y respaldar las operaciones de producción en diferentes ubicaciones.

De esta manera, todos los actores de la cadena de suministro tendrán a su disposición la información de los productos y operaciones que se llevan a cabo en ella para garantizar que se cumplen los estándares éticos y que ni el entorno ni la imagen de la empresa se vean dañados.

Transparencia: la nueva prioridad de líderes y accionistas

Cuanto más informados están los clientes, más preguntas hacen. Quieren saber más sobre los productos que están adquiriendo y sobre los proveedores a los que se los compran. Los vendedores deben poder responder estas preguntas; de lo contrario, arriesgan su reputación.

Esto ha allanado el camino hacia un nuevo objetivo de los líderes y accionistas: transparencia total. Gracias a las tecnologías modernas, las empresas ya no pueden abstraerse de la responsabilidad de lo que sucede en sus cadenas de suministro.

La transparencia y la visibilidad que los profesionales de esta cadena pueden incorporar a sus operaciones son exactamente lo que se necesita para garantizar que se cumplan las políticas y prácticas éticas. La clave para lograr este nivel de transparencia es la información. Después de todo, el conocimiento es poder.

Una organización debe poder acceder a todos los datos sobre sus proveedores y sus actividades, así como hacer que esa información sea accesible para partners y clientes. Esto significa utilizar tecnologías innovadoras para captar los datos vinculados a una estrategia ética de todas las áreas de la cadena de suministro.

Lograr esto requiere que las compañías digitalicen el flujo de datos y transacciones en toda la cadena; no es tarea fácil, pero hoy en día hay multitud de recursos (herramientas basadas en big data y analytics, por ejemplo) e incluso terceras empresas que pueden ayudar y facilitar notablemente la tarea.

Después de todo, las marcas no pueden considerarse éticas y sostenibles si no pueden ver el ciclo de vida de sus productos por sí mismas, desde la creación hasta su llegada al mercado.

La era de la ética

Las cosas están cambiando de forma indudable. Aquellos que no se adapten a las nuevas expectativas del consumidor podrían no sobrevivir a este cambio.

La cadena de suministro ética ha pasado rápidamente de ser “algo bonito a tener en cuenta” a una necesidad imperiosa para todas las organizaciones.

Quienes invierten en tecnologías que les permiten monitorizar las operaciones y proporcionar transparencia, tanto a sus clientes como a sus proveedores, están invirtiendo en su propio futuro y no me cabe duda de que llegarán a ser los líderes de su sector.