Paso a paso, más deprisa de lo que realmente parece, el transporte se dirige hacia una revolución tecnológica que en el horizonte de la próxima década plantea avances decisivos en el uso de vehículos autónomos.

Sin embargo, esta tecnología es solo un primer paso de un proceso mucho más profundo que afectará al empleo en el sector y a la propia operativa de transporte, tanto en lo que respecta a la documentación de los vehículos y la carga, como a la propia contratación de los servicios y las condiciones en que se realizan.

Adicionalmente, los fabricantes de vehículos comerciales e industriales trabajan con ahínco para el desarrollo de ecosistemas de movilidad que sirven para controlar diferentes parámetros del comportamiento del vehículo, la carga y el conductor, con el fin de poder hacer un seguimiento integral de los servicios y anticipar posibles afectaciones que pudieran alterar la expediciones.

Para que todos estos desarrollos tecnológicos desplieguen sus efectos se hace necesaria una regulación internacional homogénea tanto de las condiciones de seguridad que deberán tener los vehículos autónomos, como de la documentación de la carga y los seguros, entre otros aspectos que se analizan en diferentes comités de las Naciones Unidas, con el fin de garantizar la circulación transfronteriza de personas y mercancías.

Entre algunos de los proyectos que se están desarrollando en este campo destaca el proyecto Aeolix, que desarrolla la IRU en cinco países europeos desde los que partirán un total de 400 servicios de transporte internacional que utilizarán el CMR electrónico.