Las instalaciones del puerto de Valencia han acogido un ejercicio de contaminación química organizado por la Armada Española y Capitanía Marítima, consistente en la simulación de una fuga de un agente químico a bordo de un buque navegando en aguas territoriales españolas.

El objetivo era mejorar la capacidad de reacción y coordinación entre organismos e instituciones, de forma que se garantice la respuesta más adecuada a una amenaza de este tipo.

En este caso, el agente se habría derramado a bordo, sin vertido al mar. Según el procedimiento, el buque debe comunicar al centro de control de salvamento marítimo la emergencia, que tras avisar a capitanía marítima y demás actores, pondrá en prealerta al regimiento Nuclear, Biológico y Químico, NBQ Valencia 1.

A continuación, el Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima de la Armada pre-alerta a la sección NBQ del Tear, y se activa el plan marítimo nacional. optando por enviar el buque a una zona de fondeo clara y convocar el órgano de crisis.

Tras la toma de datos del equipo de evaluación y el posterior análisis se decidiría la evacuación buque, excepto la imprescindible para maniobrar, y la entrada a una zona delimitada y restringida para su descontaminación.

Esta actividad, enmarcada en el ejercicio Marsec-21, ha servido para reforzar las relaciones de coordinación, colaboración y cooperación entre las administraciones competentes en el ámbito de la seguridad marítima.

La idea era comprobar la capacidad de la Fuerza de Acción Marítima, en la planificación y conducción de operaciones destinadas a proteger los espacios marítimos de interés, depurar protocolos de conducción de operaciones y reforzar las relaciones entre la comunidad marítima.