El desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas a la conducción está contribuyendo a la fabricación de sistemas inteligentes que ofrecen cada vez más posibilidades a los usuarios, situando a la industria mucho más cerca ya de la conducción autónoma.

De hecho, numerosos fabricantes están incorporando en sus vehículos mecanismos de ayuda al conductor, que permiten automatizar ciertos procesos, además de incrementar la seguridad durante el trayecto.

Un ejemplo claro son los nuevos sistemas desarrollados por los fabricantes de camiones, de monitorización de la conducción, que permiten analizar los errores del conductor y mejorar sus hábitos al volante o los servicios de mantenimiento preventivo, que se adelantan a un posible malfuncionamiento de cualquier sistema de a bordo y permiten eliminar paradas inesperadas e improductivas.

Otro ejemplo es el servicio ‘OnStar‘ de Opel de asistencia y conectividad personal, que ya está disponible en Europa y permite contactar con asesores cualificados ante cualquier tipo de emergencia, como accidentes o robos.

Este tipo de utilidades, algunas de ellas ya integradas en los vehículos y otras disponibles a través de diferentes aplicaciones, ahorran tiempo y dinero a los clientes, así como, en su caso, a los gestores de flotas, que pueden evaluar de forma remota el nivel de aceite, la presión de los neumáticos, la transmisión, los airbags o el estado del motor.

Por este motivo, los fabricantes que apuestan por la conectividad son capaces de ofrecer vehículos con mayores niveles de disponibilidad y seguridad, permitiendo al conductor centrarse únicamente en lo que sucede en la carretera y obteniendo, en el caso de conductores profesionales, una mayor eficiencia.