Los petroleros noruego y japones, atacados en el estrecho de Ormuz, son el último episodio de una situación que amenaza con recurdecerse.

Los petroleros noruego y japones, atacados en el estrecho de Ormuz, son el último episodio de una situación que amenaza con recurdecerse.

En el Estrecho de Ormuz se juega una partida de política internacional, juego mucho más complejo que el ajedrez, por el control de uno de los puntos estratégicos para la salida hacia los mercados internacionales de una de los principales zonas de producción de petróleo del planeta.

El ataque que sufrieron la semana pasada dos grandes petroleros, japonés y noruego, por más datos, es la última escaramuza que ha tenido como consecuencia una subida inmediata de los precios internacionales del petróleo.

Este hecho, solo se ha visto mitagado, un par de días después por la debilidad de la demanda a nivel internacional, algo que, a su vez, remite a un problema mucho más grave, como podría ser la gestación incipiente de, como explican diversos expertos, una nueva crisis a escala global, cuando ni siquiera se ha terminado de pasar la anterior.

Un mes antes, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí habían denunciado un sabotaje del que han culpado a Irán, tal y como han hecho los Estados Unidos en este último suceso que tildan de ataque, en el marco de una escalada de tensión que responde a partes iguales a tensiones regionales e intereses internacionales de control de las rutas de abastecimiento energético.

Esta situación de tensión en una de la zonas de mayor producción de esta energía del planeta ya ha tenido un efecto inmediato de subida sobre los precios que, aunque menor de la que cabría esperarse, sí que se prolongará en el tiempo, toda vez que los Estados Unidos están presionando para que el petróleo iraní no encuentre salida en los mercados exteriores, lo que, a su vez, implica restringir la oferta.

Como suele ser habitual, las tensiones internacionales suelen tener efectos perjudiciales sobre la mayor parte del mercado, con un capital que actúa de manera cautelosa y reacciona con pavor ante situaciones desfavorables, mientras los menos (o los más interesados, según se mire) aumentan sus ganancias precisamente cuando las aguas están revueltas.