Pese a que la crisis sanitaria está colocando a las principales economías del planeta al borde de la recesión, también hay nichos que están viendo en la actual situación una oportunidad, más allá de ciertos productos farmacéuticos y algunos otros productos sanitarios.

Este es el caso, dentro del propio sector logístico y de transporte, por ejemplo, de los servicios de última milla y el comercio electrónico que, ante las restricciones de movimiento que se están introduciendo en diversos países de todo el planeta, ven cómo existe una demanda creciente de las entregas domiciliarias.

En este sentido, en los Estados Unidos, por poner un caso, el Wall Street Journal reporta un fuerte recorte en las contrataciones de trabajadores de las empresas de paquetería del país durante el pasado mes de febrero, justo antes de que el coronavirus llegase a este país, mientras que, por contra, las empresas dedicadas al almacenamiento han aumentado las contrataciones a la vista del incremento de determinados productos.

De igual manera, en este mismo país también se ha detectado un incremento en la contratación en el segmento del transporte de mercancías por carretera que contrasta fuertemente con la debilidad que presentaba este sector a finales de año, a causa de la debilidad en los pedidos industriales y una demanda envuelta en demasiadas incertidumbres, y que, además, se apoya en las caídas de los precios internacionales del petróleo.

Esta situación se podría traducir en una presión sobre los servicios de entrega de última milla, así como sobre los lineales de la gran distribución, como ha podido observarse, esta vez a nivel nacional, esta misma semana en algunos establecimientos de Madrid en los que, tras el anuncio del cierre de todos los centros formativos de la región, se han producido roturas de stock y falta de existencias puntuales de algunos productos básicos.