A pesar de que una de las principales críticas que le han llegado a Madrid Central se centran en la improvisación y en que se ha diseñado como un proyecto exclusivo de una zona de la capital de España y no como una política global para abordar el problema del tráfico en la capital de España, sin tener en cuenta su influencia sobre otros barrios de la ciudad, así como sobre los municipios periféricos, la iniciativa debe leerse en el marco de la política europea de lucha contra la contaminación medioambiental.

Desde esta perspectiva, Madrid Central se ha convertido, independiente de sus efectos indeseados, en un desarrollo pionero, con una apuesta decidida por la reducción de las emisiones procedentes del tráfico rodado, especialmente de los vehículos más antiguos y, por tanto, más contaminantes.

También desde este punto de vista, su posible desaparición sería difícil de entender desde la posición de las instituciones comunitarias y, en este sentido, su derogación se consideraría, tal y como la ha calificado el director general de Tráfico, Pere Navarro, «un rídiculo que nadie entendería en Europa».

Más aún, la Comisión Europea vigila de manera activa si las ciudades de la Unión están trabajando para reducir la contaminación atmosférica con posibles multas si no se actúa adecuadamente, algo que constituye otro motivo más para pensarse dos veces la eliminación por completo de Madrid Central.

Ahora le toca al nuevo gobierno municipal intentar conciliar, tal y como ya ha anunciado, los intereses de los afectados, con las posibles implicaciones que tendría su completa eliminación desde una perspectiva comunitaria, así como con su voluntad política de reorientar el proyecto.