El resultado del proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea es una incógnita, en la que es posible desde una ruptura abrupta hasta una nueva prórroga que permita mantener el actual status quo durante otros cuantos meses más, a la espera de un acuerdo definitivo que sirva para establecer el marco definitivo de relaciones entre las partes.

Mientras, la incertidumbre hace que las empresas de ambos lados estén preparándose para hacer frente a cualquier tipo de escenario.

Lo que sí que parece claro es que el ‘Brexit’ implicará el reestablecimiento de controles fronterizos y aduaneros en el tráfico de mercancías entre Gran Bretaña y Europa, y viceversa, con la consiguiente ralentización de los flujos de transporte.

Acumular existencias

Así mismo, esta posibilidad implicará también una posible escasez en la oferta de transporte, aguas arriba en la cadena de suministro, ante la más que evidente posibilidad de que muchas empresas decidirán dejar de operar ante los retrasos que las propias autoridades británicas estiman de entre 1,5 y 2,5 días por cada camión que regrese al continente.

Por eso, para evitar posibles desabastecimientos, las empresas británicas están acumulando stock en sus instalaciones logísticas del archipiélago, en una situación que, a su vez, también ha disparado la necesidad de contar con almacenes para poder cobijo a las inmensas cantidades de existencias que se están agrupando.

En respuesta a esta demanda, algunos actores del sector inmologístico británico se han lanzado a desarrollar almacenes en la zona sur de Inglaterra, fuera del área de influencia de Londres, que se ponen inmediatamente en alquiler, para que las empresas puedan estocar mercancías en las áreas más próximas a la Europa continental, con el fin de facilitar el desembarco y desconsolidación de la mercancía llegada del continente, así como para facilitar su posterior distribución en las islas.