A la crisis sanitaria está siguiendo, sin solución de continuidad, una dura recesión económica con efectos aún poco visibles debido a la incertidumbre que provoca la errática evolución de la propia enfermedad y la lógica tardanza en encontrar remedios médicos contrastados.

En una situación tan voluble como la que se dibuja para los próximos meses, las empresas van a medir muy mucho sus inversiones, algo que, sin duda, en el sector del transporte afectará con fuerza al mercado europeo de vehículos pesados y semirremolques.

Ante esta situación, y a la vista de las bajas cifras de matriculaciones que se van conociendo mercado a mercado de los meses de marzo y abril, la mayor parte de las marcas ya ha reorientado sus capacidades de producción para adecuarse a una demanda que se contraerá casi con total seguridad en los próximos meses.

En este marco, crecen las voces de la industria para que los gobiernos europeos articulen ayudas destinadas a renovar el parque de vehículos pesados y, de este modo, reducir las emisiones contaminantes del transporte.

En palabras del consejero delegado de Traton, Andreas Renschler, «lo que necesita Europa ahora son incentivos a la inversión para la modernización sostenible de las flotas de camiones, como una forma de sobreponerse a la crisis en este sector esencial».

Dicen que las crisis son el momento ideal para afrontar cambios radicales. Quizás la actual pueda suponer un punto de inflexión para impulsar la sostenibilidad en el transporte de mercancías por carretera en Europa.