Un cierto control de la crisis sanitaria a escala global generado por el paso del tiempo, pese a los rebrotes que en forma de oleadas están golpeando a múltiples países, implica una cierta recuperación de la producción industrial planetaria.

Sin embargo, muchos productores industriales se están encontrando con la escasez de inventarios que aún resta del primer impacto del patógeno, así como con la generación posterior de diversos cuellos de botella en las cadenas de suministro que impiden retomar un ritmo regular de fabricación.

De igual modo, en este marco de fuerte demanda de servicios logísticos y alarmante escasez de oferta, afectada, además, por las irregularidades que se han producido en los flujos de contenedores, con escasez de vacíos en algunos puertos, se están incrementando los costes de las cadenas de suministro.

Este panorama complejo y en fase de adaptación a la nueva situación generada a nivel global por la pandemia deja, según múltiples analistas, cadenas de suministro cada vez más frágiles y expuestas a posibles roturas en alguno de sus eslabones que pueden generar escasez en algunos productos y precios más altos para bienes afectados por cualquier contingencia en la cadena.

De ahí los esfuerzos de diferentes operadores a nivel global para potenciar la resiliencia de las cadenas de suministro de sus clientes para evitar riesgos de camino hacia la recuperación que deberían de facilitar en los próximos meses los procesos de vacunación.