De cara al inicio de 2019, la consultora Xeneta ha valorado la evolución de las conexiones entre el Lejano Oriente y el noroeste europeo en los últimos meses. En este sentido, ha destacado en su informe que 2017 fue muy positivo para las navieras, pues las tarifas se mantuvieron en niveles muy elevados durante el primer semestre.

Sin embargo, al comenzar el último trimestre del año, empezaron a debilitarse, y aunque los operadores lograron aumentar los precios antes del año nuevo chino, en febrero de 2018, una prolongada caída los hizo descender de los 1.734 dólares/FEU (1.512 euros) hasta los 1.208 dólares/FEU (1.053 euros), lo que supone un 30,3% menos.

A continuación, se estabilizaron, ralentizándose su crecimiento más que nunca y situándose la media en 1.538 dólares/FEU (1.531 euros) para el primer semestre, un 13,6% por debajo de los 1.781 dólares (1.553 euros) del ejercicio anterior.

El descenso no podría haber llegado en peor momento, dado que coincidió con un significativo incremento de los costes del combustible. Esta situación ha dejado como resultado un grave enfrentamiento entre los operadores, que tratan de recuperar lo invertido, y los cargadores, que se aferran a los contratos firmados, con unas tasas ya fijadas.

Nuevo mecanismo de costes

Aunque ya en mayo, las navieras pudieron por fin aumentar los precios, el tercer trimestre ha sido mucho más positivo, al considerarse la temporada alta. Las tasas siguen variando considerablemente, aunque las fijadas por contrato no están reduciéndose de momento al mismo nivel con las fluctuaciones del mercado.

Los descuentos que los cargadores han ido consiguiendo año tras año se están diluyendo con todos estos ajustes. De hecho, en 2017, lograron una rebaja del 13% y en 2018, ha sido del 10%. En el caso de los fletes a largo plazo, si bien las tasas están por debajo de las del mercado ‘spot‘, no se puede garantizar que su situación se mantenga así mucho más tiempo.

Todo esto podría empujar a la industria a adoptar un nuevo mecanismo de costes adaptado a los movimientos del mercado, lo que reduciría la presión en las relaciones de las navieras y los cargadores, especialmente en ciertos periodos.

Para el cuarto trimestre, los clientes esperan que los precios se mantengan por debajo de los de 2017, pero se mantienen atentos a la evolución de los nuevos recargos por el aumento del precio del combustible que prevén imponer muchas navieras.