Volkswagen invertirá en sus plantas para producir vehículos eléctricos.

Repsol y BP invierten para entrar en los mercados de energías alternativas.

El fin del petróleo como fuente energética principal parece más cerca a la vista los movimientos que llevan a cabo algunas petroleras que empiezan a apostar claramente por su entrada en nuevos segmentos del sector energético como la electricidad.

En este sentido, esta misma semana, Repsol ha anunciado una inversión de 750 millones de euros en la adquisición de cinco centrales eléctricas a los fondos propietarios de Viesgo, así como en la compra de su comercializadora de gas y electricidad.

Con este movimiento, que supone hacerse con tres centrales hidroeléctricas con una capacidad instalada de 700 MW, situadas en el norte de España y con dos centrales de ciclo combinado de gas en Algeciras y el municipio zaragozano de Escatrón que, entre las dos suman una capacidad de 1.650 MW, la petrolera quiere acceder a un mercado de 2,5 millones de consumidores de electricidad y gas en 2025.

Por otra parte, otro movimiento destacado en los últimos siete días ha sido el realizado por BP, que con la intención de seguir siendo un gran minorista de energía ha adquirido Chargemaster, el mayor proveedor de puntos de suministro de energía para vehículos eléctricos en el Reino Unido con más de 6.500 puntos en todo el país.

La petrolera espera incorporar los sistemas de Chargemaster a su red de estaciones de servicio británicas durante los próximos doce meses, a la vista de que el parque automovilístico mundial podrá alcanzar alrededor del 15% en 2040, lo que significaría unos 300 millones de automóviles.

Con anterioridad, la británica ya había realizado inversiones en empresas del segmento de la movilidad eléctrica como StoreDot y Freewire Technologies, dos fabricantes de baterías ultrarrápidas para equiparar el tiempo de recarga de vehículos eléctricos a los vehículos de combustión interna.

En definitiva, para muestra dos botones de que el cambio energético está en marcha y que las empresas que han sido punteras en la época dorada del petróleo pugnan por seguir siendo competitivas en el nuevo modelo energético aún por venir.