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Las consecuencias han sido mínimas para las empresas dedicadas al envío de cargas consolidadas.

En cuestión de semanas, la fase de adaptación a la norma ‘Electronic Logging Device’, ELD, llegará a su final. A pesar de que las empresas de transporte de menor tamaño continúan luchando para que no les sean aplicadas sus exigencias, la obligación de registrar electrónicamente el inicio de la actividad de los transportistas es un hecho consumado para el transporte por carretera en EEUU.

La implementación inicial de esta ley a finales de 2017 provocó una auténtica sacudida en el sector. Durante más de un año, la industria del transporte ha tenido que lidiar con los efectos y consecuencias de la adaptación al ELD, llegándose a alcanzar momentos de extrema convulsión en la primera mitad de 2018.

Teniendo en cuenta que por aquel entonces la industria ya estaba inmersa en una situación de escasez de transportistas y congestión en los puertos, podría decirse con bastante seguridad que la implementación no llegó precisamente en el mejor momento.

Su impacto en las empresas de transporte, en distintos grados de variabilidad, ha sido una prueba de que, en lo que a leyes y normas se refiere, no todo vale.

Las empresas de transporte tenían que usar todas las herramientas y mecanismos a su alcance para compensar los tiempos muertos

Los efectos del mandato ELD han sido particularmente adversos en las empresas de transporte de contenedores por carretera, hasta el punto en que no sería exagerado decir que el transporte terrestre de carga ha sido una auténtica pesadilla a lo largo de la mayor parte de 2018.

La ya de por sí escasa disponibilidad de camioneros se vio exacerbada, dado que la reducción en los tiempos de conducción impuesta por el ELD hacía necesario un mayor número de conductores para completar las rutas y satisfacer la demanda.

De repente, las empresas de transporte tenían que usar todas las herramientas y mecanismos a su alcance para compensar los tiempos muertos a los que se enfrentaban sus conductores. Y de la noche a la mañana, aparecieron nuevos cargos como los ‘overnight fees’ o los cargos por esperas, para compensar los costes adicionales generados.

Pero las empresas no fueron las únicas que sintieron los efectos del ELD. Los conductores las sufrieron también. Las nuevas restricciones significaban largas esperas, dado que los tiempos de descanso exigidos imponían paradas obligatorias y, consecuentemente, una reducción de los tiempos de trabajo netos y los salarios.

Los tiempos de descanso exigidos imponían paradas obligatorias y, consecuentemente, una reducción de los tiempos de trabajo netos y los salarios

Comparativamente, las consecuencias han sido mínimas para las empresas de transporte LTL, dedicadas al envío de carga consolidada. La principal diferencia radica en la naturaleza del servicio, en el que la mayor parte de conductores realiza viajes de menor distancia y va recogiendo y distribuyendo cargas a lo largo del día.

A diferencia de los envíos de mercancías en contenedores, los conductores LTL gestionan múltiples cargas de bajo volumen y terminan su jornada laboral una vez finalizado su turno, retomando al día siguiente el trabajo donde lo hayan dejado.

Los efectos del ELD sobre este sistema no son comparables a los experimentados por los transportistas de contenedores. Dejando a un lado las recogidas y entregas, los conductores de carga contenerizada invierten tiempo en conducir hacia y desde el puerto para recoger y devolver los contenedores y su trabajo se paga según el tiempo que pasan en la carretera.

Aunque el transporte terrestre consolidado también ha sentido los efectos del ELD, ha sido más una cuestión de molestias para los clientes cuyas recogidas o entregas no han podido realizarse en el momento esperado, que de perjuicio económico para sus conductores.

Afortunadamente, las empresas parecen haberse recuperado de una gran parte de los titánicos esfuerzos acometidos para adaptarse a la normativa. El sector se ha visto forzado a cumplir los requisitos y desde entonces ha conseguido atraer a nuevos conductores para equilibrar la demanda.

Las empresas parecen haberse recuperado de una gran parte de los titánicos esfuerzos acometidos para adaptarse a la normativa

Pero a pesar de que la situación actual está bajo control, la industria logística en su conjunto ha pagado un precio considerable. Los costes de los envíos se dispararon, dado que importadores y exportadores se veían sin más opciones que pagar cargos adicionales por almacenamientos y retrasos en la devolución de los contenedores; por no mencionar el coste comercial que acompañaba a la limitación de no poder mover sus cargas cuando lo necesitaban.

Considerando los devastadores efectos que la industria tuvo que afrontar la primera vez, es difícil no sentirse nervioso ante la proximidad del 16 de diciembre, fecha límite para la fase final de implementación del ELD.

Pero considero que lo peor ya ha pasado y que, tras la tormenta, se avecina una etapa de calma. Inevitablemente, las empresas tendrán que invertir dinero para cambiar a dispositivos aprobados por la ‘Federal Motor Carrier Safety Administration’, pero el impacto será más sencillo de controlar.

Espero que el sector maximice sus esfuerzos para minimizar o evitar los problemas vividos y preveo una última fase relativamente simple como cierre a este capítulo final de adaptación al ELD.

Klaus Lysdal
Vicepresidente de Operaciones de iContainers

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