El mantenimiento de los cuellos de botella que atenazan el funcionamiento de las cadenas de suministro internacionales y el aumento de la inflación, que, a su vez, se reflejan en incrementos de precios de las materias primas y los componentes, han limitado el crecimiento de la industria española durante octubre, según el último indicador del PMI.

Al tiempo, la producción y los nuevos pedidos han crecido a su menor tasa desde el pasado mes de febrero, en medio de retrasos récord en los tiempos de entrega de los proveedores para los suministros, que se mantuvieron en una oferta notablemente escasa.

Consecuentemente, el PMI se ha colocado en octubre en los 57,4 puntos, por debajo del 58,1 de septiembre, y en su nivel más bajo desde marzo.

Pese a ello, el indicador de actividad industrial apunta a un crecimiento por noveno mes consecutivo, aunque con algunas tendencias preocupantes.

En particular, el crecimiento de la producción, aunque se mantuvo a un ritmo sólido, se ha deterioado por segundo mes consecutivo, debido principalmente a los retrasos en los suministros.

Durante octubre se ha detectado que las existencias de los proveedores se han ido erosionando, algo que supone un riesgo para el crecimiento de la producción industrial, especialmente en un momento de aumento de los volúmenes de pedidos.

En esgte contexto, la demanda mantiene su recuperación, aunque a ritmo más lento, y para cubrirla, se han incrementado los pedidos a fabricantes españoles, que han aumentado en octubre notablemente por noveno mes consecutivo, ya que la demanda de los clientes mantuvo su reciente recuperación de lo peor de la pandemia.

Por lo que respecta a los costes, los precios de la mayoría de las materias primas se han incrementado en octubre, al igual que la energía y los servicios públicos.

Este contexto inflacionista preocupa a las empresas, que han redoblado esfuerzos para abastecerse con mayor aantelación, de tal modo que los niveles de stock se han colocado en máximos de los últimos tres años y medios.

Sin embargo, los inventarios de productos terminados se han ido agotando, a medida que las empresas han intentado adelantar
cargas de trabajo en sus plantas siempre que ha sido posible, con lo que se ha incrementado el retraso en la producción.