Reza el rancio, zafio e injusto mantra ultra que las gentes de la cultura viven (bien) de las subvenciones. Algunas lo harán, que los listos crecen a patadas y en todas las condiciones.

Sin embargo, desde hace décadas, en España se sigue el esquema francés de ayudas para preservar lo que se ha dado en llamar «excepcionalidad cultural» del país.

Es lógico. La cultura compartida es el más valioso patrimonio inmaterial que tiene esta nación, las cifras de turistas de antes de la pandemia lo confirman, y debe preservarse de forma especial, especialmente, como reconoce el Real-Decreto Ley publicado al efecto esta misma semana, «en momentos de especial dificultad como los actuales«.

En el otro lado de la balanza se encuentra, tal y como afirman, ufanos y en público, algunos de los miembros del Gobierno, el boyante sector del transporte de mercancías por carretera que, si lo que dicen fuera cierto (que no lo es), estaría haciendo el agosto precisamente en este duro tiempo que pide que todos arrimemos el hombro.

Pese a ello, las paupérrimas cifras de tráfico de camiones y de movimientos transfronterizos de vehículos pesados de las que da cuenta puntualmente cada semana Cadena de Suministro, procedentes de fuentes oficiales, afirman tercamente lo contrario.

Sin recuperar los niveles de 2007

Como lo dicen los datos de contenedores a la baja movidos en los puertos y las cifras de volúmenes del propio Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, que indican que más de una década después, aún no se mueven las mismas toneladas de mercancías por carretera en España que en 2007, cuando a este país parecía que no lo paraba nada ni nadie.

Tan es así que hasta el propio ministro del ramo se piensa muy mucho si el sector necesita ayudas, ante las insistentes peticiones de las comunidades autónomas y, aunque solo sea para mejorar la dificilísima situación que tienen también las empresas de transporte de viajeros.

Así las cosas, todo parece indicar que el transporte por carretera, como los titiriteros, es dado a hacer equilibrismos en tiempos de coronavirus, que es precisamente cuando menos conviene hacerlos, y que, en consecuencia, lo dicen los datos, merece una línea específica de ayudas, como sector estratégico que es y que se pretende que siga siendo.