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¿Cómo será el desempeño de la industria del transporte marítimo durante la temporada festiva que se acerca? Para responder a esta pregunta, existen distintas señales y puntos de vista a tener en cuenta. Personalmente, yo estoy con aquellos que esperan que el cuarto trimestre sea más débil de lo habitual.

Entre los motivos que predisponen a esta situación, podemos apuntar especialmente a la incertidumbre. La guerra comercial, las tensiones del Brexit, la ralentización de la economía global y las regulaciones de la IMO 2020 son las principales culpables de la cautela y la desconfianza que se han podido sentir en la industria durante el último año. Corren tiempos turbulentos para los importadores y exportadores.

Dada la situación de incertidumbre mencionada, es más importante que nunca que los importadores tengan todo bien preparado para asegurar que sus importaciones navideñas llegan en tiempo y forma.

Aquellos que esperan capitalizar la temporada navideña deberían tener ya sus envíos reservados y organizados. Porque son muchas las cosas que podrían salir mal, causando una cadena de complicaciones, retrasos y costes adicionales. Y son muchos los pequeños detalles que se deben considerar.

¿Está lista la mercancía? ¿Dispongo del equipamiento y el espacio necesarios para coordinar la carga? ¿Está preparada y correctamente cumplimentada toda la documentación? ¿Se ha efectuado ya el pago al expedidor? ¿Qué probabilidades hay de que éste detenga el envío y evite su salida, o de que no envíe el conocimiento de embarque?

Cuanto más tarde comienza a prepararse todo, menor es el margen de error que un expedidor se puede permitir y menor es también la posibilidad de asegurarse tarifas de flete marítimo competitivas.

Estos problemas son más comunes de lo que habitualmente se piensa. Y puede que las consecuencias de cada uno de ellos por separado sean limitadas, pero no podemos olvidar que están profundamente conectadas. Añadamos a esta interdependencia las diferencias horarias y nos daremos cuenta de que el tiempo puede volar mientras se intenta resolver una única incidencia.

En esta situación, se produce un peligroso efecto multiplicador, como si de una bola de nieve se tratase, con el potencial de terminar provocando graves consecuencias para la cadena de suministro y los resultados comerciales. Cuanto más tarde comienza a prepararse todo, menor es el margen de error que un expedidor se puede permitir y menor es también la posibilidad de asegurarse tarifas de flete marítimo competitivas.

Los cambios de última hora e imprevistos son los más complicados de gestionar y los que pueden aumentar vertiginosamente el presupuesto de transporte internacional. Cuando los importadores se encuentran a sí mismos en esta situación, a menudo se embarcan en una búsqueda desesperada del tiempo de tránsito más corto o de la próxima salida de un buque, lo que a menudo se traduce en tarifas mucho más elevadas que las que tenían previsto pagar.

Planificación anticipada para evitar medidas extremas

En este contexto, el mejor antídoto es planificar con suficiente antelación. En mi experiencia, tener que recuperar el tiempo perdido es el mayor problema al que se enfrentan los importadores y exportadores en sus importaciones navideñas.

Esto sucede cuando la temporada los coge por sorpresa y se dan cuenta de que el tiempo se les está acabando si quieren aprovisionarse de existencias para las jugosas ventas de Navidad. Como resultado, o bien sufren enormes complicaciones para asegurarse el espacio, el equipamiento o los servicios que se ajusten a sus necesidades y presupuesto, o bien terminan pagando tarifas exorbitantes para poder asegurar que sus mercancías lleguen a tiempo.

En este tipo de intentos desesperados de última hora llegan a tomarse medidas extremas. Y para evitarlas, la clave es una correcta planificación. Eso incluiría organizarlo todo contando con tiempos extra que permitan cierto margen de maniobra cuando alguna de las muchas cosas que pueden torcerse finalmente sale mal.

Para que el envío transcurra de manera fluida, los importadores deberían comunicar claramente a su transitario para cuándo necesitan las mercancías.

Que las mercancías no estén listas para la carga en la fecha prevista, por ejemplo, es una incidencia habitual. Así, a pesar de que el equipo comercial del expedidor nos haya asegurado que la carga estará lista un día determinado, no es extraño que el equipo de producción se enfrente a otras circunstancias y maneje sus propios tiempos. En estos casos, se produce una descoordinación de la que el expedidor sólo es consciente en el momento que intenta organizar la recogida.

Los importadores deberían considerar esta posibilidad al planificar los tiempos de transporte o protegerse a sí mismos estableciendo acuerdos que limiten el alcance de este tipo de situaciones y que deben quedar reflejados en el contrato de compraventa internacional.

Para que el envío transcurra de manera fluida, los importadores deberían comunicar claramente a su transitario para cuándo necesitan las mercancías. Si el tiempo los apremia, también es aconsejable informar de cuál es el margen de maniobra y los límites máximos.

Esto se puede adaptar a los límites y requerimientos que tenga el expedidor, cualesquiera sean. Pero dar libertad de movimiento al transitario dentro de un presupuesto podría ser crucial para ahorrar tiempo, en lugar de ir de un lado para otro verificando tarifas mientras se reduce cada vez más el espacio y la disponibilidad.

Un buen transitario apreciará ese tipo de confianza, se esforzará al máximo y ofrecerá la mejor solución posible para el importador en términos de precio y valor.

Klaus Lysdal
Vicepresidente de Operaciones de iContainers

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