Los tráficos del puerto de Barcelona durante el pasado 2020 han tenido un comportamiento muy desigual en función de su tipología y de la época del año.

Así, por ejemplo, se resintieron especialmente en los meses de abril y mayo, pero poco a poco se han ido recuperando y el 2020 terminó con unos incrementos de dos dígitos, tanto en el tráfico total, que creció en diciembre un 23%, como en los contenedores, que lo hicieron cerca de un 25%.

Pese a todo, en el global del año el tráfico total del recinto portuario barcelonés suma un total de 59,5 millones de toneladas, un 11,9% menos que en 2019.

Así mismo, en el caso de los contenedores, el movimiento se ha situado muy cerca de los tres millones de TEUs, con un descenso anual del 11%.

Por otra parte, los graneles líquidos suman un tráfico total el pasado ejercicio de 12,9 millones de toneladas, con una caída del 20%, mientras que los graneles sólidos han cerrado el año con un movimiento de más de cuatro millones de toneladas, cifra similar a la de 2019.

Además, el tráfico de automóviles nuevos ha sido uno de los segmentos más afectados por el actual contexto de incertidumbre y crisis económica derivada de la pandemia, con un retroceso el año pasado de un 38% anual y 480.000 unidades movidas.

De igual manera, la mercancía general, que en su mayoría incluye el tráfico ro-ro, ha alcanzado un movimiento de 347.000 UTIS, un 16% menos que en 2019, con una caída de un 2% en el caso de las UTIs transportadas por las autopistas del mar y un volumen de 150.000 UTIs, mientras que el cabotaje se ha replegado un 24%.

Por otro lado, en 2020 el recinto ha movido cerca de 265.000 contenedores por ferrocarril un 6% más que en 2019, lo que sitúa la cuota ferroviaria de contenedores en un registro récord de un 15%.

Finalmente, el puerto de Barcelona ha tenido en 2020 una cifra de negocio de 139 millones de euros, un 20% menos que en 2019, algo que se debe, principalmente, a la caída del tráfico total, que se ha traducido en una reducción del 25% de las tasas de utilización, las bonificaciones aplicadas en las tasas de ocupación, a la reducción de la tasa de actividad para la disminución de los tráficos y la eliminación del tope mínimo de actividad, así como al impacto indirecto por la caída de la tasa de ocupación.