Con el aumento de los costes del combustible marítimo, muchas navieras han optado por trasladarlo a sus clientes a través de recargos adicionales. Una de ellas ha sido Maersk Line, que pretende compensar de esa manera los costes extra que supondrá el cumplimiento de los nuevos límites globales de azufre que entrarán en vigor el 1 de enero de 2020.

Esta normativa, impuesta por la Organización Marítima Internacional, OMI, supone que los buques que actualmente utilizan combustibles con un nivel de azufre del 3,5% tendrán que reducirlo hasta el 0,5%. Para ello, deberán invertir en otros más adecuados o bien optar por el uso de Gas Natural Licuado o la instalación de ‘scrubbers‘. 

Para el momento en que comience a aplicarse la nueva regulación, más del 90% de la flota global ya estará utilizando combustibles adaptados a los nuevos requerimientos. Este será el caso de la naviera danesa, pese a que recientemente ha realizado una inversión en un pequeño número de ‘scrubbers’.

El coste adicional para la industria marítima podría llegar a los 15.000 millones de dólares (12.819 millones de euros) y desde Maersk calculan que los suyos sobrepasarán los 2.000 millones (1.709 millones de euros). En este sentido, su intención es cobrar los nuevos BAF de forma independiente a las tasas de carga.

Este recargo reemplazará a los Factores Estándar de Ajuste del Combustible, SBF por sus siglas en inglés. Para determinar la cantidad exacta, se tendrá en cuenta el precio del combustible, según el precio medio en los puertos mundiales, y el factor comercial, que refleja la media de consumo de combustible en una determinada línea.

Combinando ambas variables, los clientes pueden predecir cuáles serán sus costes tanto antes como después de 2020. Para dejar que se familiaricen con la nueva fórmula, los nuevos recargos de Maersk no empezarán a aplicarse hasta el 1 de enero de 2019.