Los mega-camiones encuentran oposición en la población alemana

Los mega-camiones encuentran oposición en la población alemana.

Llevamos a vueltas con el tema de la modificación de pesos y dimensiones un período de tiempo bastante razonable para que la Dirección General de Tráfico, encargada de poner negro sobre blanco los deseos de los lobbies de la gran distribución y de la automoción, se hubiese dado cuenta de que se ha metido en un inmenso lío.

La cruzada emprendida ya hace muchos años sobre la mejora de la seguridad vial que preconiza este departamento, se da de bruces con el ya proyecto de modificación de pesos y dimensiones.

Técnicamente, el proyecto es un bodrio (que conste que es el calificativo más suave que he encontrado) con deficiencias que no admite el elemental rigor jurídico que se debe exigir a cualquier norma legal.

Pero además, supone un verdadero atentado a la seguridad vial, algo que está en contradicción con los principios que debe inspirar cualquier norma que afecte a la circulación de vehículos.

No hace falta ser un experto para suponer los efectos que producirá la circulación de un camión cuya altura máxima autorizada en la actualidad es de cuatro metros, construido y homologado por el fabricante teniendo en cuenta esta característica, si se le permite circular con medio metro más de altura por una simple modificación de una norma de tráfico.

Por citar algunos, el incremento del riesgo de vuelco, tanto en giros cerrados como circulando con rachas de viento lateral o circulación con movimientos erráticos por el desplazamiento lateral de la carga.

Y qué me dicen de los megacamiones. Si un tráiler ya le parece largo a cualquier usuario de la vía, imagínense un cacharro con un tercio más de esta longitud y doblemente articulado.

Pues pásmense ustedes, esto va a ser así, si Dios no lo remedia, pues en la Dirección General de Tráfico parece que confluyen a partes iguales la incompetencia y la prepotencia.

¿Hasta qué punto se está dejando presionar este Gobierno que es capaz de modificar normas que pueden poner en peligro la seguridad vial?.

Y todo ello, por no hablar de los enormes perjuicios que se derivarán para el propio sector del transporte, que tendrá que afrontar mayores costes sin que pueda repercutirlos en el precio del transporte.

Un incremento de la capacidad de carga de los camiones provocará un aumento de la oferta y, por lo tanto, en un sector cuya competencia es brutal, una caída aún mayor de los precios que es, en definitiva, lo que pretenden las grandes empresas de distribución para así engrosar sus cuentas de resultados, por cierto, sin posible comparación con las del deprimido sector del transporte por carretera.

La reciente oposición manifestada a este atropello por el Comité Nacional, es un serio aviso al Gobierno. El sector no piensa quedarse de brazos cruzados.

Manuel Pérezcarro Martín
Secretario general de Froet