Las líneas de contenedores se han convertido en uno de los pocos sectores que no han sufrido durante la pandemia. A pesar de una caída repentina de la demanda, esperan cerrar el año con más ingresos de los que han tenido en mucho tiempo gracias a sus tácticas para la gestión de la crisis, centradas en la cancelación de escalas.

La consultora Drewry estima que el EBIT rondará los 1.400 millones de dólares en el primer trimestre, con un margen de beneficio del 3,2%. Para entonces, muchos países aún no estaban en cuarentena y las navieras no habían tenido que realizar demasiados ajustes.

Sin embargo, todo apunta a que los operadores no solamente han sobrevivido a la crisis sanitaria, sino que se han beneficiado de ella, logrando incluso un incremento de las tasas. En cambio, los propietarios de buques que no se dedican a su operativa han visto caer la demanda del alquiler y las tasas diarias de flete.

Por su parte, los cargadores se han enfrentado a mayores tasas, pero con una calidad de servicio menor de la habitual, dadas las circunstancias. Muchos de ellos han visto cómo las cargas contratadas no salían en los buques que debían y muchos importadores han reconocido que estaban dando prioridad a los envíos más caros.

Recargos y reducciones de capacidad

Además, aunque el coste del combustible se ha reducido en el segundo trimestre, los cargadores no se han beneficiado de ello porque se han mantenido los recargos de las navieras. Actualmente, Drewry está trabajando en una iniciativa del sector para el desarrollo de un mecanismo de ajuste neutral, junto a ESC y Colecta.

Si bien tratar de hacer dinero a costa de una crisis mundial no está bien visto, la consultora prefiere dar a las navieras el beneficio de la duda por el momento. En este sentido, están empezando a devolver la capacidad perdida a las rutas más afectadas por la crisis, para ajustarse a una demanda más elevada de lo que se esperaba.

Esto hace suponer que quizá las reducciones de capacidad excesivas durante este periodo se han debido simplemente a un juicio erróneo. No obstante, advierten de que podría cambiar su criterio si se comprueba que los niveles de capacidad se mantienen muy por debajo de las necesidades del mercado.

La situación plantea una cuestión interesante, pues las navieras pueden ser uno de los mayores facilitadores del comercio mundial, pero también son entidades comerciales con ánimo de lucro y unos accionistas ante los que responder.

Por tanto, mientras puedan cumplir con su función principal de mantener la cadena de suministro global en movimiento, ¿por qué no deberían hacer todo lo que esté en su poder para maximizar las ganancias?

Diálogo entre cargadores y navieras

En los últimos años, los cargadores han tenido ventaja, por lo que si no obtienen ganancias, se reducirá la inversión en la capacidad futura necesaria para impulsar la actividad comercial. Los propietarios de carga también tienen que velar por sus propios intereses, pero las batallas del pasado solo han resultado en una cadena marcada por cambios volátiles en los fletes y una férrea gestión de la capacidad.

Por ello, cabría esperar que esta crisis conduzca a un escenario de diálogo entre ambas partes, lo que requerirá un gran esfuerzo. En este sentido, las navieras podrían hacer un mejor trabajo en cuanto a avisar y justificar los cambios de capacidad, con ciertas consultas con los clientes sobre el mejor momento para ello, con el fin de evitar cuellos de botella.

Por su parte, los cargadores deben ser conscientes de que los operadores deben mantener un mínimo nivel de ingresos o se verán obligados a retirar los servicios. En conclusión, la consultora espera que las tasas de carga se reduzcan en la segunda mitad del año, a medida que las navieras reintroduzcan capacidad en el mercado para adaptarse a la demanda.