El Black Friday se ha convertido en un fenómeno mundial en menos de una década. En la mayoría de los mercados, las ventas crecen cada año en esta jornada a medida que aumenta el interés de los consumidores por aprovechar este tipo de ofertas y el de los comercios por sumarse a la campaña.

En este sentido, desde la multinacional de investigación de mercados Ipsos consideran que, para sobrevivir, debería convertirse en un evento que permita maximizar las oportunidades a los retailers, y no en un día de ofertas cada vez más grandes para los compradores.

Ampliar la duración del Black Friday a cuatro, cinco o incluso diez o más días, supone un riesgo, pues los comercios pueden embarcarse en una carrera por bajar cada vez más los precios, reduciendo sustancialmente sus beneficios. Además, elimina la excitación que supone para el comprador tener un único día para realizar sus compras si quiere aprovechar las ofertas pre-navideñas.

La media de los descuentos llegó en 2019 al 53%, siendo más destacados en EEUU, con el 68%, Canadá, con el 66% y Reino Unido, con el 63%. Extender la campaña y aumentar los descuentos puede poner en dificultades al sector retail, pues de hecho, según una encuesta de Black Friday Global, los compradores esperaban incluso mayores rebajas en 23 de los 41 países donde se realizó el estudio. 

Aumentar el valor de la oferta

Para garantizar el éxito de esta campaña en el futuro, es necesario aumentar el valor de la oferta, como ya hace Amazon en el Prime Day, donde tienta a los compradores con suculentas ofertas, productos que no sabían que querían pero no pueden evitar comprar y una experiencia de compra totalmente personalizada.

El Prime Day generó unas ventas de 175 millones de unidades en 2019, frente a los 100 millones de 2018, superando a la campaña del Black Friday y el Cyber Monday juntas, según Bloomberg.

Por su parte, el Día del Soltero en China está empezando a eclipsar al Black Friday, pues en 2019 logró unos ingresos de 30.000 millones, cinco veces más que el ‘viernes negro’ en Estados Unidos, y un 23% más que el año anterior.

Su éxito reside en su ambiente festivo, que lo convierte en un evento social y un momento clave para el lanzamiento de nuevos productos y ofertas exclusivas. En este sentido, el Black Friday debe evolucionar y dejar de ser únicamente un día de ventas para el mercado masivo, con ofertas tanto en tienda como ‘on-line‘.

Para sobrevivir, debe convertirse en un sofisticado evento que muestre lo mejor de las capacidades omnicanal de los retailers para captar a los clientes y darles razones de peso para realizar compras en noviembre, sin disminuir su apetito por las compras navideñas.

Reto logístico 

A nivel logístico, las expectativas en esta campaña suelen ser muy elevadas, pues muchos retailers ofrecen la entrega al día siguiente o la entrega gratuita, independientemente del valor de la compra, lo que amenaza con convertirse en una expectativa habitual del cliente en fechas de este tipo.

Para contrarrestar esta tendencia, es justo decir que también está ganando popularidad la opción del ‘Click & Collect’, sin gastos de envío o con gastos muy reducidos.

En cualquier caso, si el Black Friday sigue generando tantos envíos transfronterizos, será necesario establecer colaboraciones entre minoristas de diferentes países para poder contar con medios locales en el país de destino para la gestión de las entregas.

Por otro lado, debe estudiarse con detenimiento el asunto de las devoluciones, especialmente en fechas de tanto movimiento y con envíos a otros países. Si la proporción de devoluciones sigue aumentando, será necesario establecer canales de distribución bidireccionales para facilitar el comercio internacional.