China parece ir recuperando poco a poco la actividad, a medida que el país asiático supera la crisis sanitaria originada hace casi dos meses en la provincia de Hubei.

Sin embargo, el agotamiento progresivo de inventarios, la falta de reposición y la reducción de la demanda que se está registrando a escala global actúan como factores limitativos de la recuperación e impiden que las plantas industriales instaladas en China puedan operar a plena capacidad.

Además, las factorías que, a su vez, dependen del suministro de bienes intermedios producidos en el gigante asiático aún no han sufrido la peor parte del cierre inicial en China y es probable, según el análisis de la consultora McKinsey, que experimenten un brusco latigazo en las próximas semanas.

En toda esta ecuación se añade la falta de visibilidad existente sobre la evolución de la demanda a corto plazo y el posible cuello de botella que podría producirse en la salida de los productos hacia los mercados, a medida que se vaya superando la crisis sanitaria.

Precisamente en relación con la demanda, McKinsey ha elaborado tres escenarios que van, desde el más favorable, que implicaría una recuperación rápida al comienzo del segundo trimestre tras una caída fuerte en el consumo, hasta el más pesimista que retrasaría la recuperación de la demanda a finales del tercer trimestre, o incluso más allá, con una posible recesión en el horizonte.