Durante décadas, la industria automovilística ha ido tejiendo complejas cadenas de suministro de escala global basadas en la máxima eficiencia, una rigurosa puntualidad y el suministro de piezas just in time.

En estos delicados engranajes impactan de manera dramática procesos traumáticos como la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, un tránsito para el que de momento no hay acuerdo pese a que la fecha límite para alcanzarlo se acerca irremediablemente.

En este contexto, Acea analiza las consecuencias que podría tener un Brexit duro a ambos lados del Canal de La Mancha con cifras. Según sus registros, el 54% de los automóviles fabricados en el Reino Unido han sido adquiridos en la Unión Europea.

Sin embargo, en sentido contrario, solo el 27,4% de la producción automovilística europea se destina a Gran Bretaña, país en el que, además, el 85% de los vehículos importados proceden de la UE.

Así mismo, por lo que respecta a piezas y recambios, mercado ya analizado por Acea este mismo mes, el 78% de estos productos importados por Gran Bretaña el año pasado provenían de países de la Unión y, al tiempo, el 60% de las piezas exportadas desde el país han tenido como destino alguno de los mercados comunitarios.

Impacto catastrófico

Gran Bretaña es el segundo mercado del Viejo Continente por volumen de matriculaciones, con lo que si finalmente no se alcanza un acuerdo para organizar una salida controlada del país de la Unión el impacto sería «potencialmente catastrófico» tanto para la industria del automóvil continental como para el propio sector británico, a juicio de los fabricantes europeos de automóviles.

En el sector de la automoción, Alemania es el país que más automóviles y piezas de recambio exporta al archipiélago británico, con Bélgica en segundo lugar y España en tercera posición, puesto que también ocupa en lo que respecta a las importaciones desde el Reino Unido.