Sin haber terminado de salir de la crisis sanitaria, que ha estimulado un crecimiento que en el sector inmologístico era ya estructural, empieza a florecer un fenómeno, como consecuencia de la convergencia de tres elementos. Falta de mano de obra cualificada, escasez de suministros y una notoria falta de suelo finalista para dar respuesta a la continuada demanda que sigue teniendo el sector en España. Argumentos suficientes que hacen presagiar serias dificultades para suministrar instalaciones logísticas a un precio razonable.

Los actuales instrumentos urbanísticos de la legislación española no van a aportar solución al problema que tenemos hoy, salvo casos muy contados. La solución pasaría inexorablemente, y hasta que no se desarrolle nuevo suelo de aquí a tres o cuatro años, por adaptar el parque logístico obsoleto ya existente, a las exigencias actuales. Con las tecnologías disponibles a día de hoy, sería una realidad y en un tiempo aceptable. Ya existen desarrolladores que están viendo esto como una oportunidad, y van tomando posiciones en este sentido.

A mi modo de ver, creo que el resultado de este “problema” terminará al final siendo positivo, pues aún en el supuesto de que  hubiese disponibilidad de todo el suelo que se está demandando, se agudizarían de forma exponencial dos efectos que citaré a continuación, volviendo a tensionar los precios al alza de forma brutal. Dicho en otras palabras, esta escasez de suelo, está propiciando un escenario de contención del coste de construcción. Aunque en si mismo, pudiera tener tendencia a incrementarse, pero lo cierto es que el “pescado ya está vendido” y el que tiene suelo, lo tiene, y el que no lo tiene se tendrá que esperar.

El efecto de la escasez de suministros, cuya causa requiere un profundo análisis, está afectando en un 30% a la producción de la industria española, no siendo esta la más afectada de Europa. Esta escasez, que por sí sola no se va a solucionar de la noche a la mañana, sólo va a ser posible mitigar su efecto con la debida determinación de adelantar lo más posible las adjudicaciones, en cuanto a desarrollo de nuevos proyectos, ya que desafortunadamente, el sector de la construcción no escapa a este efecto.

De esta forma, los contratistas generales de la mano de sus proveedores, podrán hacer la previsión de suministro, que en la mayoría de los casos es a seis meses vista, cerrando los pedidos con suficiente antelación. Hay que tener en cuenta, que todo lo que se está adjudicando hoy, no se va a poder suministrar antes de abril, dejando de lado la parte de movimiento de tierras y cimentaciones, que por el momento, parece que están atendiendo a la demanda en plazo.

Las claves pasan por adaptar el parque logístico obsoleto existente, adelantar lo máximo posible las adjudicaciones e intentar prefabricar todo lo prefabricable”.

En cuanto a la disponibilidad de mano de obra cualificada, sí que se ha evidenciado una ruptura en el acompañamiento de disponibilidad de mano de obra Vs. demanda del sector. El crecimiento sostenido que estamos experimentando, ha sorprendido a los subcontratistas en general, salvo contadas excepciones, generando una evidente falta de personal para atender el trabajo actual, sin hablar del que se pretende desarrollar. Este efecto anuncia una subida del precio por la repercusión de mano de obra sobre todo, en aquellos lotes que se desarrollan “in situ” siendo los más difíciles de planificar en cuanto a su producción, y siendo elementos “no acopiables”.

Surge así la necesidad de dar un paso más en la industrialización del sector, intentando prefabricar todo lo prefabricable. Un concepto a tomar en cuenta, si se quiere reducir en la medida de lo posible un efecto que sin duda acabará siendo una realidad.