Las cadenas de suministro globales han entrado en una era de volatilidad estructural que obliga a empresas y autoridades a replantearse cómo y dónde invierten y producen", según un reciente informe del Foro Económico Mundial.
En otras palabras, los diferentes sucesos extraordinarios que vienen agitando el panorama global desde 2019 han superado cualquier planteamiento de ficción que pudiera realizarse y, en definitiva, ya nadie sabe hacia dónde vamos, si es que alguna vez hubo algún destino al que dirigirse.
Este panorama obliga a considerar la volatilidad actual no como una dificultad temporal, sino como una condición estructural del mercado que debe tenerse en cuenta en la planificación empresarial, en general, y de la cadena de suministro, en particular.
En el actual escenario volátil, el impulso hacia tensiones totales o, por el contrario, hacia el retorno a un sistema comercial basado en reglas, parece haberse frenado.
Un comercio global fragmentado
En su lugar, la institución piensa que surge un escenario más moderado y plausible, una especie de almazuela comercial multinodal, con cuatro nodos principales:
- Estados Unidos, que parece no querer juar su rol tradicional como defensor del comercio global basado en reglas,
- China, que, aunque mantiene ciertos tratados multilaterales y busca comerciar más con el Sur Global, prioriza mientras tanto la autosuficiencia y el acceso a materias primas y mercados finales.
- Plurilateralistas, grupo diverso que se extiende por los cinco continentes e incluye economías avanzadas, como la Unión Europea, Japón, Canadá y Australia, así como economías de ingresos medios y emergentes, como México, Vietnam y Perú. .
- BRICS: Estas naciones ven el comercio como un motor de crecimiento, pero generalmente están menos dispuestas a ceder su soberanía para integrarse en acuerdos comerciales profundos.
La ventaja competitiva que pueden generar las cadenas de suministro proviene de la previsión, la diversificación y la coordinación del ecosistema.
Este nuevo modelo fragmentado permite un crecimiento continuo del comercio global y ofrece ventajas competitivas a las empresas que sepan navegar sus complejas dinámicas, algo priori no precisamente sencillo.
Así mismo, de acuerdo con los expertos detrás del trabajo, las disrupciones en la cadenas de suministro serán constantes y estructurales durante este 2026.
Primar la capacidad de adaptación
En esta misma línea, la fragmentación geopolítica, las cambiantes reglas comerciales y la escasez de mano de obra están redefiniendo cómo se genera y se mueve el valor.
En este contexto, la prioridad en las cadenas de suministro ya no es pronosticar disrupciones, sino rediseñar los modelos operativos para que funcionen bajo una incertidumbre permanente.
A su vez, esto implica abandonar las cadenas de suministro orientadas a la eficiencia y centrarse en redes con una gran capacidad de adaptación que puedan reconfigurarse según cambien las condiciones del mercado.

Así mismo, el estudio también constata que un 74% de los directivos considera la resiliencia como un motor de crecimiento para la logística este año.
Para el Foro Económico Mundial, ahora la ventaja competitiva que pueden generar las cadenas de suministro proviene de la previsión, la diversificación y la coordinación del ecosistema, de tal manera que aquellas empresas y países que desarrollen estas capacidades conjuntamente estarán mejor posicionados para atraer inversión, asegurar el abastecimiento y sostener su ritmo de crecimiento en una economía global cada vez más fragmentada.
La guerra arancelaria
Para el Foro Económico Mundial, la magnitud de este cambio ya es evidente, especialmente a la luz del impacto que están teniendo los aranceles en los flujos comerciales globales.
Según el trabajo, tan solo en 2025, la escalada de la guerra arancelaria entre las principales economías obligaron a reedistribuir más de 400.000 millones de dólares en flujos comerciales globales, mientras que las interrupciones en las principales rutas marítimas incrementaron los costes del transporte de contenedores un 40% interanual, lo que indica un cambio decisivo desde las crisis a corto plazo hacia una incertidumbre duradera.
Al mismo tiempo, la producción industrial en las economías avanzadas crece a su ritmo más lento desde 2009.
Por otro lado, el pasado 2025 se introdujeron a nivel mundial más de tres mil nuevas medidas de política comercial e industrial, lo que añade una nueva capa de complejidad burocrática al comercio internacional, ralentizando los intercambios.
Todo ello sitúa a la resiliencia de la cadena de suministro en primera línea como elemento clave para la competitividad de los países y la estrategia empresarial en un contexto sometido a una incertidumbre sistémica.
Una crisis energética en ciernes
De manera particular, la crisis bélica en Oriente Medio va a marcar un antes y un después en las cadenas de suministro este 2025.
A las tensiones comerciales que se venían viviendo desde hace años y que se han acrecentado tras la llegada al poder de Donald Trump, ahora se ha generado a gran velocidad una crisis energética de gran impacto.
El control del estrecho de Ormuz, vital para el suministro de combustible de algunos de los mayores productores del planeta, afecta no sólo a los costes de transporte a través de fletes y sobrecargos tarifarios, sino que pone en riesgo la disponibilidad de combustible para sectores tan globalizados como el transporte marítimo o la carga aérea.
Además de este impacto en los derivados del petróleo, Irán también es un importante productor de fertilizantes. Estos productos son complementarios de muchos productos básicos de alimentación, especialmente los agrícolas, por lo que también se está generando un impacto logístico de gran calibre.
En este contexto, la capacidad de reacción de las cadenas de suministro se convierte en un factor clave, especialmente si el enfrentamiento bélico se enquista y no se encuentra una solución pacífica rápida.
En España, las principales instituciones ya apuntan que la crisis bélica en Irán restará capacidad de crecimiento al país, al tiempo que limitará las proyecciones del PIB.
En el país, el encarecimiento de combustibles, gas y fertilizantes amenaza con trasladarse al transporte, los alimentos y el IPC de marzo, que algunas estimaciones sitúan cerca del 4%. Como aspecto positivo, es posible que la inestabilidad en el Mediterráneo oriental impulse la llegada de turistas, generando una alta demanda estacional de bienes y servicios.
A nivel global, la OMC estima que el comercio mundial de mercancías pasará de crecer un 4,6% en 2025 a un 1,9% en 2026, con riesgo de bajar al 1,4% si persiste la crisis energética. Particularmente, Europa figura entre las regiones más expuestas por su dependencia energética, con presión añadida sobre exportaciones, inflación y cadenas de suministro.

Costes al alza
Con la guera arancelari,a las compañías acabarán repercutiendo su coste a sus clientes, tanto empresas como consumidores, circunstancia que impulsará nuevos incrementos de precios.
Como resultado se limitará la demanda de productos, mientras que, al mismo tiempo, la incertidumbre que genera la política internacional de los Estados Unidos provocará retrasos en la inversión empresarial y en el gasto de los consumidores.
En paralelo, se prevé un aumento del ahorro al percibirse un mayor riesgo sobre los ingresos.
Junto a ello, el comercio global sufrirá ahora las consecuencias del adelanto de compras que se ha producido en 2025 para evitar los nuevos aranceles.
Este hecho ha elevado la demanda de espacio de almacenamiento, más pronunciada en las zonas de comercio exterior y los almacenes aduaneros, donde las mercancías están protegidas de los aranceles adicionales después de su almacenamiento.
Este 2026, el comercio mundial sufrirá las consecuencias del adelanto de compras que se produjo en 2025 para evitar los efectos en los precios de los nuevos aranceles.
En este contexto, y dado que ni las empresas ni los hogares pueden importar lo que ya se ha anticipado anteriormente, se producirá una desaceleración de los pedidos.
Todos estos factores motivarán, de acuerdo con un análisis recientede Crédito y. Caución, una ralentización significativa del comercio global a lo largo de este año, que no volverá a registrar valores positivos hasta 2027, cuando se espera un crecimiento cercano al 2%, cifra que se mantendrá todavía por debajo de la evolución del PIB.
En este contexto, se espera que el repunte en la zona euro se sitúe cerca de la media mundial, mientras que África crecerá gracias a la integración comercial y las inversiones en infraestructuras.
La evolución del consumidor
En paralelo, además del propio marco comercial global, también están evolucionando los hábitos de consumo a pasos agigantados.
Si hasta hace escasos dos años, los cambios se articulaban a través de las redes sociales, ahora la inteligencia artificial ha introducido un nuevo factor en esta evolución.
Así mismo, el incremento que ha vivido la inflación en los últimos años, la pérdida de poder adquisitivo y las tensiones globales podrían afectar a un consumo que no acaba de recuperase, especialmente en Europa.
El impacto de la guerra comercial será especialmente significativo en el comercio global, que se estancará este 2026 tras crecer un 3,5% el pasado año, según un reciente informe de Crédito y Caución.
En este contexto, la personalización está llamada a jugar un papel determinante a la hora de acercarse a los consumidores.
De igual manera, la logística se ha convertido en factor decisivo de la compra, especialmente en el canal on-line, donde las devoluciones juegan un papel fundamental, tanto casi como la gestión de las propias entregas, a medida que los compradores van abandonando de manera paulatina las caras e ineficientes entregas domiciliarias para canalizarlas cada vez más a través de puntos de entrega y, sobre todo, de consignas y buzones inteligentes, siempre disponibles.'