España cada vez importa más, en lo que se refiere a productos hortofrutícolas.  En el ejercicio 2017 se ha mantenido la tendencia al alza de los años anteriores, con un aumento del 6% en volumen hasta los tres millones de toneladas y del 8,6% en valor hasta los 2.526 millones de euros.

La importación de frutas ha repuntado un 6,3% en volumen y un 10,2% en valor, con 1,7 millones de toneladas que suponen 1.739 millones de euros. A su vez, las hortalizas han crecido un 5,7% en volumen y un 5,2% en valor, con 1,3 millones de toneladas y 786,8 millones de euros.

Este aumento, especialmente notorio desde el año 2013, demuestra que España se está convirtiendo en un país cada vez más importador, como prueba el hecho de que las compras de ciertos productos coincidan con los mismos periodos de producción en el país.

La situación preocupa, y mucho, a los productores nacionales, que ven como cada vez tienen más competencia extranjera en el abastecimiento de productos que solían proporcionar ellos a sus clientes españoles.

En este sentido, está siendo determinante el impulso de los puertos españoles, dado que muchos flujos de frutas y hortalizas, bien sea para exportación o importación, se gestionan ya por mar.

España se está convirtiendo en un país cada vez más importador, como prueba el hecho de que las compras de ciertos productos coincidan con los periodos de producción del país.

Solamente en 2016, los puertos del país movieron más de 8,5 millones de toneladas de este tipo de productos y Puertos del Estado prevé llegar a los 10 millones para 2020.

Por su ubicación geográfica, España se ha convertido en uno de los principales destinos para la importación hortofrutícola, a lo que se añade la existencia de numerosas conexiones ‘reefer’ en sus terminales, ampliamente preparadas para la manipulación de este tipo de mercancías, que suelen exigir un tratamiento especial debido a los diferentes procesos de maduración y requerimientos en cuanto a la temperatura y la humedad.

Francia y Marruecos, principales proveedores

En la actualidad, Francia y Marruecos son los principales proveedores del mercado español, reflejando las estadísticas un claro desplazamiento hacia las importaciones de terceros países. Esta situación está generando mucha competencia con los que tienen calendarios y cultivos coincidentes con los españoles, como sucede con el mercado marroquí.

Hasta mayo de 2018, la importación hortofrutícola se ha incrementado un 8% en volumen hasta los 1,4 millones de toneladas y un 6% en valor hasta los 1.260 millones de euros.

importaciones perecederos 2017-2016

Estas cifras no solamente refuerzan dicha idea, sino que que son el resultado de una mayor diversificación de las compras, ampliándose cada vez más la importación a nuevos productos.

Principales retos para el futuro

De cara a los próximos años, la industria española podría verse afectada por las limitaciones comerciales con Reino Unido que supondría la entrada en vigor del Brexit, puesto que existe una fuerte dependencia entre ambos mercados. Sin ir más lejos, es el tercer país hacia donde más frutas y hortalizas envía España después de Alemania y Francia, y a su vez, constituye el mercado principal para los británicos.

Si las negociaciones que mantiene Reino Unido con la Unión Europea finalizan con la temida adopción de barreras al comercio, las empresas españolas verían reducida su presencia en esta zona.

No obstante, su mayor preocupación reside ahora en el aumento de los impuestos al combustible, que podría tener consecuencias muy negativas para la economía española y para las exportaciones, dada la necesidad de trasladar a los clientes esa subida.

El sector hortofrutícola español podría verse afectado por las limitaciones comerciales con Reino Unido que supondría la entrada en vigor del Brexit.

Este asunto está generando una situación de gran inseguridad, tanto en el sector hortofrutícola como en el del transporte en general, ya que sus beneficios podrían verse muy reducidos a consecuencia del aumento de los costes, algo a tener muy  en cuenta, ya que de por sí sus márgenes suelen ser muy ajustados.

Tanto es así que la Asociación de Transporte Internacional por Carretera ha  alertado ya sobre el impacto negativo de esta medida para las exportaciones, recordando que la mayor parte de las que van dirigidas a países de la UE viajan por carretera.

Del mismo modo, la posible implantación de una euroviñeta en las carreteras españolas mantiene en vilo a los transportistas que operan en el país. Su puesta en marcha, dicen desde la CETM, afectaría a la competitividad de toda la economía española, encareciendo innecesariamente las exportaciones y lastrando el consumo.

El sector hortofrutícola sigue pendiente de los cambios que se produzcan en este área y que se suman a otros ante los que nada se puede hacer, como esa climatología adversa que afectó  a los flujos de exportación a principios del año 2017, provocando una fuerte caída de la producción y una elevada subida de los precios.

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