Los volúmenes de paquetería que se mueven en España son cada vez mayores. El comercio electrónico permite a empresas de tamaño reducido ampliar su radio de actuación y llegar con unos costes asumibles a áreas geográficas que hasta hace unos años les estaban vedadas por prohibitivas.
Esta es la cara visible de una actividad cada vez más pujante y omnipresente.
En su reverso tenebroso, la cantidad de envíos es gigantesca y hace que las ciudades se pueblen de furgonetas de alquiler no rotuladas y de repartidores que mueven paquetes sin uniformar.
Incluso algunas calles próximas a las áreas con más volúmenes de reparto o de polígonos industriales se prestan para realizar intercambios informales de paquetes entre vehículos.
Podría decirse que los volúmenes de paquetes superan la capacidad que tiene el mercado para absorberlos y que para darles salida proliferan opciones en los márgenes. Nada nuevo bajo el sol. Es una ley no escrita de la economía que se aplica desde tiempos inmemoriales.
Caen dos redes de explotación
Esta misma semana, la Policía Nacional ha desarticulado dos redes que habrían estado explotando a ciudadanos extranjeros en situación irregular para realizar repartos de paquetería en Alicante y en el Campo de Gibraltar.
En ambos casos las prácticas son similares: una trama con base en una nave industrial donde almacena paquetes se dedica a captar a foráneos sin papeles y los contrata un poco de aquella manera para repartir paquetes en largas y extenuantes jornadas de trabajo con sueldos miserables.
También son comunes las falsas promesas de incrementos salariales vinculados a un mayor número de envíos, aprovechándose de la situación de vulnerabilidad de los repartidores, e incluso la conducción de vehículos sin permisos de conducir.
Además, también parece que muchos de los paquetes se 'perdían' convenientemente.
El propio sector de la paquetería debería ser el principal interesado en impedir que se produzcan estas prácticas que, además de suponer eplotación laboral y competencia desleal, también dan mala imagen y provocan que el común de los mortales meta a todos en un mismo saco. Desde luego, no es el único sector económico en el que pasan estas 'cosas'.