Los robots humanoides están a punto de pasar de la fase de prototipo a un despliegue a escala industrial. Será un momento clave para esta industria, pues según un reciente informe de Roland Berger, los avances en Inteligencia Artificial y hardware robótico podrían permitir que operaran con costes de funcionamiento de alrededor de dos dólares por hora en el futuro.
Serán, por tanto, una palanca decisiva para aumentar la competitividad en países con altos costes laborales, además de fomentar nuevas industrias y contrarrestar la escasez de talento cualificado. No obstante, aunque el hardware se encuentra en una fase avanzada, el software, las cadenas de suministro y la regulación están madurando de forma más progresiva.
Esto supone que los beneficios aparecerán inicialmente en aplicaciones claramente definidas y repetitivas, como el desembalado o el transporte de productos. Otros aspectos como la durabilidad, así como la seguridad y la responsabilidad legal, también determinarán la velocidad y el alcance de la industrialización, ya que hay que tener en cuenta que los robots humanoides comparten espacio con las personas, lo que exige nuevos enfoques de prueba y certificación.
Competir con Estados Unidos y China
Según el estudio, los fabricantes de robótica podrían alcanzar ingresos de entre 300.000 y 750.000 millones de dólares en 2035, pero a largo plazo, el mercado podría alcanzar incluso los 4 billones de dólares, lo que lo situaría en niveles comparables a la industria automovilística. Además, se espera que nazcan nuevos mercados mucho más allá del propio robot: desde motores, componentes mecánicos y sensores hasta electrónica y equipos de producción.
Europa cuenta con una sólida base industrial y capacidades tecnológicas que le permitirían beneficiarse del desarrollo de robots humanoides. Sin embargo, las inversiones, los volúmenes y los ecosistemas de startups siguen por detrás de Estados Unidos y China.
Por ello, es clave invertir en cadenas de valor propias y escalar con rapidez, con el fin de poder relocalizar en Europa producción intensiva en mano de obra de forma económicamente viable. Esto requiere al mismo tiempo una estrecha integración entre industria, proveedores y empresas tecnológicas.
A pesar de contar en la actualidad con más de 20 start-ups de robots, si no se consiguiera desarrollar una cadena de valor industrial competitiva, Europa correría el riesgo de depender de tecnologías extranjeras, por lo que una parte significativa de los efectos económicos de esta tecnología se generarían fuera, un efecto que ya se observa en parte de la industria de la inteligencia artificial.