El gas natural, y en particular el GNL, se ha convertido en los últimos años en la única alternativa real, inmediata y accesible a los derivados del petróleo para el transporte por carretera, capaz de reducir drásticamente las emisiones reguladas y de CO2. Además, ha permitido crear un parque circulante de vehículos listos para utilizar biometano.

En el transporte pesado y de larga distancia, no se prevé a corto y medio plazo otra opción que no sea el uso de diésel o bioGNL. Además, el parque actual de camiones a GNC o GNL, que alcanza unas 13.000 unidades, está sustituyendo a más de 300.000 toneladas de diésel que han dejado de consumirse en el país.

Es por ello que, según la Asociación Empresarial Small Scale Gas Natural, Aessgan, la «brutal» subida del precio de gas natural supone para el transporte pesado «una inesperada advertencia» de que tiene que volver al diésel, algo que colisiona con la estrategia de descarbonización que mantiene la Unión Europea.

Así, considera que es «urgente y necesario paliar los efectos devastadores» que la subida del gas está produciendo en el transporte pesado y que puede bloquear el futuro inmediato del bioGNL, renovable, neutro en CO2 y de producción nacional.

Aessgan, que pone el ejemplo de Italia y Grecia, donde se han destinado importantes partidas presupuestarias para ayudas directas a los clientes finales de gas natural, ha enviado una propuesta a la ministra de Transportes, Raquel Sánchez, para la declaración del GNL como combustible profesional, lo que permitiría a los transportistas seguir utilizándolo a precios compatibles con el desarrollo de su actividad.

Por último, han solicitado que se defina un tratamiento ventajoso del biometano, para avanzar en la implantación de este combustible 100% renovable, de producción nacional.

 

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