Diversos factores están alterando el funcionamiento de las cadenas de suministro de todo el planeta desde que se desatara la crisis sanitaria, entre 2019 y 2020.

Hasta hace pocas semanas, los problemas de abastecimiento parecían casos puntuales y en las rutas más largas, que enlazan los principales centros de producción de bienes de consumo en el sureste asiático y los principales puertos europeos y norteamericanos, agravados, a la vez, por la escasez de contenedores vacíos y la congestión en diversos enclaves portuarios.

De hecho, se estima que el tiempo que han pasado los portacontenedores amarrados a puerto se ha incrementado un 11% en la primera mitad del año.

Sin embargo, la congestión que parecía circunscrita a algunos puertos asiáticos y de otras zonas concretas parece extenderse y ya es un problema de primera magnitud en los principales recintos californianos, por donde acceden a la costa oeste de los Estados Unidos los productos fabricados en Asia.

Garantizar el abastecimiento

De igual modo, el abastecimiento de componentes electrónicos, lejos de solucionarse, sigue acumulando retrasos y muchos expertos vaticinan que no se recuperará cierta normalidad hasta el verano del año que viene.

Al suministro de estos componentes, se suma las dificultades que se están encontrando en diversas materias primas, tanto para la producción industrial, como en diversos productos alimentarios, que se está solapando con incrementos en sus precios debido a la escasez de oferta, así como en los costes de su transporte.

La falta de abastecimiento no solo afecta ya a las marcas automovilísticas, que reportan retrasos de semanas en las entregas de sus vehículos a los consumidores y que, además, están teniendo que cerrar instalaciones por falta de piezas, sino que también se está extendiendo a otros sectores, incluyendo la industria alimentaria o el sector juguetero, entre otros.

En consecuencia, cada vez son más las empresas que han cambiado el foco en la gestión de sus cadenas de suministro, que ha pasado a centrarse en garantizar el abastecimiento por todos los medios, en vez de controlar los costes y optimizar el suministro en función de la demanda.

Esta situación parece agravarse a medida que se acerca el período de máximo consumo de cada año, que va desde el ‘Black Friday’ hasta las navidades, cuando cualquier aumento de la demanda puede encontrarse con unas cadenas de suministro desbordadas, en un contexto, además, marcado por la inflación, una variable que alimenta aún más la incertidumbre.