En las últimas décadas, las cadenas de suministro se han centrado en ganar agilidad, reduciendo los inventarios, con el fin de aligerar el coste financiero que supone mantener un stock.

Esta tendencia ha tenido en cuenta el axioma de que la mayor parte de las ventas se concentran en un pequeño grupo de los productos almacenados que suele rondar un 20%, mientras que el resto tiene una menor rotación, lo que genera unos costes logísticos indeseables.

Sin embargo, la actual crisis sanitaria parece amenazar un dogma que parecía bien asentado en la gestión de las cadenas de suministro a escala global.

En este sentido, la larga paralización que se ha vivido en diferentes centros de producción de todo el planeta está haciendo reflexionar a muchos directivos sobre la necesidad de contar con existencias a las que poder acceder sin depender necesariamente de abastecimientos muy ajustados.

Asegurar el suministro

Así las cosas, parece que el ‘just in time’ parece ceder paso ante la creciente necesidad de contar con inventarios de seguridad que permitan contar con abastecimiento ante posibles roturas en la cadena que se prolonguen en el tiempo.

Además, en esta misma línea, las necesidades de stock varían, ya que mientras algunos sectores los necesitan cerca de sus clientes, otros no tienen esta necesidad.

Aun así, ambos conceptos, los de ‘just in time’ y de stock de seguridad, no son contrapuestos, ya que muchas de las empresas que utilizan el ‘just in time’ cuentan con un nivel de almacenamiento que les permite superar breves interrupciones en el abastecimiento.

De este modo, las diferentes deberán encontrar sus propios equilibrios entre las necesidades de suministro de sus clientes finales y el compromiso financiero que implica.