La reivindicación histórica por parte de las patronales de transporte de articular un marco legal que prohíba expresamente las labores de carga y de descarga por parte de los conductores profesionales, ha vuelto a situarse en primera línea de actualidad tras la reciente entrada en vigor en septiembre en Portugal de una normativa específica que señala que estas funciones ‘deben ser asumidas por el expedidor o destinatario de la mercancía, recurriendo a un trabajador distinto del conductor, cualificado para este fin’.

La postura del Gobierno español sigue siendo, sin embargo, la de ponerse de lado con respecto a este asunto, aludiendo en todo momento al diálogo entre las partes: transportistas y cargadores, y a lo que sus relaciones mercantiles establezcan. Pero de sobra es conocido que este posible acuerdo o entendimiento está abocado siempre al fracaso, desde el punto en que el sector cargador cierra toda posibilidad a cualquier normativa específica que les impida seguir manejando a su conveniencia quién se encarga de las cargas y descargas de su mercancía.

Y es que es demasiado jugoso el ahorro de costes considerable que les supone a los clientes no tener que contar con el personal de almacén necesario y cualificado, además de trasladar la responsabilidad al transportista ante cualquier posible incidencia con la mercancía si éste es el que la está manipulando directamente.

La famosa ‘ayuda’ del conductor a cargar ó descargar

Es algo escuchado y leído de parte de muchos clientes, que suelen señalar que en sus almacenes piden ‘solamente que el conductor ayude a acercar los palets (…)’, ‘que los aproxime desde el interior del remolque hasta el principio del mismo…’ hasta preavisar incluso directa y abiertamente que ‘el conductor se descarga él mismo’.

Aunque hay transportistas que tratan de resistirse a estas instrucciones, indicando que el conductor no está autorizado ni cualificado para ello, otros terminan asumiéndolo o se despreocupan si su conductor está aceptando manipular la mercancía, hasta que sucede el primer incidente y el cliente les pasa cargo por los desperfectos ocasionados, que acaban siendo repercutidos frecuentemente en última instancia al conductor.

Regulación valiente a la portuguesa

Salvo en determinados supuestos en base a la naturaleza de la mercancía, como es el transporte de mercancías peligrosas, portavehículos, mudanzas o distribución urbana, la reciente normativa portuguesa deja claro que los trabajos de carga y descarga han de ser asumidos tanto por el cargador como por el receptor de la mercancía, siendo estos los que se encarguen de disponer en sus almacenes del personal necesario y cualificado para esta función.

Añade el texto legal que las plataformas y almacenes deben disponer de ‘lugares adecuados para la espera de los transportistas mientras les carguen o descarguen, que reúnan condiciones de higiene y salud adecuadas‘, limitándose el tiempo de espera por parte de los conductores a un máximo de dos horas. La multa puede ser de hasta 15.000 euros si no se cumple con estas obligaciones.

Una profesión esencial en decadencia y más amenazada que nunca

Es otro de los tópicos del sector desde hace muchos años: faltan conductores. No menos cierto por muchas veces que se repita, y que en ocasiones necesita de la visibilidad de los grandes medios de comunicación para que la sociedad pueda entender la vital importancia de una profesión como la del conductor profesional.

Hace algunas semanas que viene centrándose el foco informativo en la preocupante necesidad de conductores de camión en toda Europa, bajo amenaza de graves problemas de desabastecimientos, como el que ha sido ampliamente conocido en Reino Unido con el sector de la distribución de combustibles.

Se estima que en Europa faltan alrededor de 400.000 profesionales del volante. Según un estudio de Transport Intelligence, Polonia es el país más afectado necesitando más de 120.000 efectivos; en Alemania se cifra entre los 45.000 y 60.000 profesionales que se necesitan; en Francia unos 43.000 y en Reino Unido unos 90.000.

El caso de España no es de los más graves, requiriendo unos 15.000 chóferes aproximadamente, lo que supone menos de un 5% del total de la plantilla que estaría en activo en nuestro sector, según cifras aportadas por Fenadismer.

Con la recuperación económica tras la crisis sanitaria, y el previsible tirón de la demanda de transporte (con una campaña de navidad en ciernes), será todo un reto para las flotas el poder responder a las necesidades del mercado. Si en algo está curtido el sector, es en superar cada reto que se le ponga por delante.

 

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